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jueves, 24 de marzo de 2011

Desear morir[Concurso Literario 2011]


Entre la espuma se veía caer una pálida mano, alrededor de ella, una mancha de sangre se divisaba. Se veían cortes en las zonas de las muñecas, un intento de suicidio, pensaría todo el mundo, pero yo, Mark Stanley, sabía que no era así. ¿Pero cómo podría yo contar todo lo que había ocurrido sin revelar mi propio secreto?
Salgo de la habitación de marfil, corriendo, escapándome entre los matorrales, intentando que nadie me viera. Ella había muerto, y yo ya no podía hacer nada. Ella…y mi hijo también, nuestro hijo, se había ido con ella.
Entro en casa, en la casa que había vivido desde que era pequeño, escondo todo lo que tiene que ver con ella, y me derrumbo en la cama. ¿Cómo un ser tan perfecto como lo es ella podía haber desaparecido ante mis propios ojos? Mi ser más amado y a la vez, en estos momentos el más añorado.
Pasan los días y no salgo de esa habitación en la que desde ese día vivo encerrado. Llaman a la puerta, es mamá, una anciana de pelo cano, ya de apenas unos 60 años. Siempre igual, nunca cambia.
-Hijo, quieren verte-se aparta un poco, dejando ver tras de  sí a un hombre, creo conocerle, me parece que se llama Howard y a su lado está su hermosa acompañante Lilian-.
Ellos entran a la habitación, les ofrezco asiento.
Ella empieza a hablar- Hola, Mark… tenemos malas noticias. Sarah... La limpiadora de su casa la ha encontrado en la bañera… ha fallecido-Mis labios se juntan formando una línea recta perfecta, intento ocultar las lágrimas que durante días he mantenido a raya-.
-No…ella no…-Howard, el que fue mi compañero de pupitre en mi más tierna infancia, me abraza-.
-Sé que estabais juntos, por eso me gustaría saber si conoces alguna razón por la que la hayan matado, pues hemos descartado el suicidio, ninguna persona podría hacerse cortes así…De verdad, lo sentimos, Mark.
-Todo el mundo la quería… íbamos a tener un hijos-sollozo, derrumbándome, desplomando todo mi cuerpo sobre las piernas- Ella no…
Ellos se levantan y asienten- Con lo que sea, le avisamos.
Cuando les veo irse, salgo corriendo y voy a la casa de la persona más rica del lugar, llamo a la puerta y él, al verme, me abre. Entro en la casa y nos sentamos en el sofá del salón. Empieza a hablar.
-Sabes que tenía que hacerlo, Mark.
-Lo sé, Steven… pero aun así, era ella…
-Era malvada. Y tú lo sabes mejor que nadie. ¿Cuántas veces te puso de escusa a sus amigas cuando en realidad se iba con otros hombres? ¿Cómo sabes que el bebe qué esperaba era ciertamente tuyo? ¿Acaso iba a estar siempre contigo, cuando tenía a miles de hombres que querían estar con ella? Búscate a otra mujer, amigo, ella ha muerto. Y yo la he matado. Era una zorra. Una zorra como otra cualquiera.
-¡Qué te hiciera eso a ti no significa que a mí también me lo hiciera!
-Era una promiscua, y esas nunca cambian.
Mi ira estalla, y salto sobre él, agarrándole del cuello, intentando estrangularle. Él me empuja, y caigo sobre una mesa de cristal, clavándome los trozos rotos en la espalda. Duele. Él saca un revolver, lo carga mientras yo me retuerzo en el suelo.
-Éramos amigos, pero sabía que me ibas a traicionar. ¿Tus últimas palabras?
-Esto, no quedará así, te encontraran-y me dispara, su bala atraviesa mi frente-.
En estos momentos, me doy cuenta que desde hace tres días es lo que más deseaba, ir con ella, porque sin ella, esto ya no era nada, no era lo mismo. Y la veo, no sé si es mi imaginación, pero la veo y ahora sé que la muerte es lo más dulce y apacible que te puedes encontrar, al menos si la persona que más amas te está esperando al otro lado.

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