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sábado, 22 de octubre de 2011

Primer y Segundo capitulo Fanfic de Crónicas Vampíricas.


Capitulo 1º

Cuando desperté esa mañana ya se oía el ruido de la sartén, mi madre estaba preparando el desayuno. Bajé las escaleras corriendo, casi saltándolas de dos en dos. Papá estaba en el comedor, leyendo el periódico de ese día. Les sonreí, estaba totalmente entusiasmada con la idea de un nuevo instituto, nuevos amigos y nuevas emociones. La verdad es que era un pueblo muy pequeño, pero verdaderamente bonito. Drowning Creek era realmente hermoso, a pesar de ser nueva, yo ya había ido alguna vez por allí, también me había paseado por los cementerios, y pasee junto a la tumba, aún reciente, de la llamada “Princesa de Hielo”, Elena Gilbert. Había oído hablar de ella en los dos últimos meses, una chica realmente hermosa, fue una conmoción para el pueblo su desaparición…
Hilando las historias que me contaban me di cuenta de que lo que realmente había pasado era que ella misma, la reina del instituto y su corte real, habían jugueteado con el lado de las sombras y no habían salido muy bien paradas, o al menos no Elena.
Meneé la cabeza intentando olvidar aquello, no era un buen comienzo de curso el comenzar con una nueva investigación se la Srta. Curts. No la verdad es que no era el momento adecuado.
Cogí una tostada recién hecha, algo resquemada y me la metí en la boca, las tripas ya me habían comenzado a rugir, caminé de nuevo hacia mi dormitorio, entrando a mi propio baño y me di una ducha rápida, los tirabuzones se me habían enredado durmiendo.
Rebusqué en mi armario los pitillos nuevos que me habían comprado el día anterior, una camiseta básica de tirantes en color carmín y unas sandalias blancas con algo de cuña. Me hice una trenza fina en el lugar donde estaba mi flequillo, echándola hacia atrás, “Fabulosa” pensé riendo.
Aún con el pelo empapado y secándomelo alcé la mano hacia una silla blanca en la que estaba mi bandolera, con los libros del instituto. La pasé por encima de mi cabeza y me la coloqué. Era la hora de salir de casa y encaminarme hacia un mundo de bestias salvajes llamado “Clase” en el que si te ven débil te denominan como presa y van a por ti rápidamente.
Bajé de nuevo al comedor y me bebí un zumo, rápido, pues no tenía tiempo para más tentempiés. Mi padre se había empeñado en llevarme en coche, por lo que me estaba esperando en la puerta. Me negué en rotundo, no quería que mis nuevos compañeros me dieran como “La niña de papi” que no era. Después de mucho discutir con él me dejó ir, se subió en su Auris turquesa y despareció, dejándome sola en la puerta de casa. Caminé sola hacia el Robert Lee viendo pasar a otros muchos adolescentes, ya solos o en grupos que se dirigían hacía un nuevo curso lleno de otras muchas intrigas.
Me abrí paso entre la multitud de gente que había en las puertas del instituto, algunas personas me miraban de reojo y leyendo sus labios conseguí averiguar que les decían a sus amigos “Ahí está la nueva”. Saqué mi horario de la bandolera, buscando mi clase de Latín, cuando por fin la encontré respiré hondo y entré, mostrando mi seguridad en mi misma y la mejor de mis sonrisas. Si, esa era la Scarlett a la que no le importaba el que dirán.
Me encaminé hacia un asiento vacío al final de la clase y me senté, cruzando las piernas y apoyando la bandolera en el suelo. Una chica se giró hacia mí.
-Eres Scarlett ¿verdad?-Dijo una chica que en vez de parecer estar en último curso parecía estar en el primero de todos-.
-Ajá, esa soy yo-La dediqué la mejor de mis sonrisas, jugueteando con uno de mis tirabuzones-¿Y tú eres…?
-Ups, lo siento, me llamo Francés.
-Encantada, Francés.
-Si quieres te puedo enseñar todo esto-Me ofreció ella con familiaridad- No es muy grande, pero fácil de perderte sí.
-Vale, muchas gracias, la verdad es que no sabía como llegar al resto de clases sin tener que pedir un mapa-Dije lanzando un pequeño gemido al morderme la lengua- Por cierto, por aquí no hay muchos chicos guapos ¿Verdad?
-Bueno, ahora ya no, pero el año pasado se vino aquí un chico italiano, realmente guapo… Las cosas no acabaron muy bien para él y para su novia-dijo ella bajando la vista a sus manos-.
-Oh… creo haber oído hablar de ellos en mis dos últimos meses aquí, una catástrofe por lo que me he podido enterar…
-Sí, la verdad es que sí, a él no, pero a ella la queríamos todos…-Antes de que pudiera acabar la frase el profesor entró-.
Francés se giró rápidamente, lanzándome una pequeña sonrisa y un “Luego hablamos”. La clase transcurrió lentamente, en mi antiguo instituto me había apasionado el latín, pero con este profesor parecía se un muermo, por lo que me dedique a releer el temario de ese curso por tercera vez en la última semana. Al fin tocó el timbre. Francés me esperó antes de salir de la clase y dirigirnos a la clase de mi padre, Historia Europea.
Cuando entré mi padre me lanzó una sonrisa torcida, me sitúe en la primera fila, junto a Francés, ya que mi padre me lo había pedido días antes, quería que yo, su hija, diera buen ejemplo. Él empezó a escribir en la pizarra su nombre.
-Buenos días, Chicos, soy Alan Curts, vuestro nuevo profesor de Historia Europea, espero tener un buen año con vosotros-me miró de reojo- Y también que las clases sean entretenidas.
Un chico de pelo moreno alzo la mano con una sonrisa hipócrita en la cara.
-¿Sí, señor…?
-Zach Louis, ¿Y se nos evaluara a todos por igual?-me miro directamente a mí, enrojecí enseguida- Es decir, ¿Nos tendremos que esforzar más nosotros que su hija simplemente por el hecho de que nosotros no lo seamos?
-Perdone, Louis, pero mi hija no recibirá ningún tipo de ventaja.
-Tampoco es que la necesite-dije yo haciendo caso omiso de las miradas de los demás- Yo solita me basto para sacar buenas notas-lance una sonrisa al tal Zach-.

Mi padre comenzó a dar la lección, La Revolución Francesa, el tema que más odiaba yo y el favorito de mi padre, lo que quería decir que él querría que sacara una buena nota. Tomé apuntes mientras mi padre escribía en la pizarra mientras intentaba pasar de las bolas de papel que me tiraba Zach.
Cuando sonó el timbre espere a que Zach saliera de la clase para salir tras él. Le agarré del brazo y me planté frente a él.
-Mira, chaval, si crees que por tener una cara bonita todo te va a ir bien, vas muy mal en esta vida, a la próxima que te acerques a mí, ya sea a buenas o a malas, no respondo de mis actos ¿Vale?
Él me miraba desafiante, mientras un corrillo de personas se arremolinaban a nuestro alrededor-¿Y qué me vas a hacer tú, nena?
-Oh, muy fácil, esto-le cogí de la muñeca aún más fuerte, girándola en dirección opuesta a las agujas del reloj, se oyó un “Crack” que daba a entender que el hueso se había roto y tras el se escucho un fuerte alarido que provenía del chico- Espero que te sirva de lección y no me llames nena-Dije yo, soltándolo y tras eso, desaparecí-.

Nunca me había metido en una pelea, pero hay que reconocer que no se me daba nada mal. Busqué a Francés, estaba en su taquilla. Le conté lo que había ocurrido y me miró con la boca abierta.
-¿De verdad has hecho eso a Zach?
-Sí-Asentí firmemente, mientras dejaba algunas de mis libros en mi taquilla- Es un chulito, va de guay, se cree bombón y no llega a lacasito.
Ella se rió y fuimos a la siguiente clase, nos habíamos hecho amigas, parecía una chica legal y en la que se puede confiar, me contó que había sido seguidora de Elena Gilbert y su sequito, Bonnie y Meredith que ahora se encontraban fuera de la ciudad, también reconoció que durante sus primeros años en el Robert Lee había estado medio enamorada de Matt Honeycutt, el ex novio de Elena, que ahora estaba acusado por violación a Caroline Forbes, una chica que había sido amiga de Elena y luego paso a ser su archienemiga, pero ella estaba segura de que Matt era inocente. Las horas pasaron con rapidez aunque antes del me almuerzo me llamaron para ir al despacho del director, sí, Zach era un chulito, pero también un chivato y no dudó en fastidiar a la hija de un profesor para salirse con la suya. Me castigaron haciendo un trabajo sobre lo que es el talante y él… él salió de rositas.
Durante el almuerzo conocí al resto de amigas de Francés. Estábamos entrando cuando un grupo de chicas nos sonrió, sí, a las dos.
Me senté junto a una chica rubia de ojos avellana que parecía agradable. Francés me presentó a sus amigas.
-Ella es Amanda-señaló a mi acompañante y la sonreí- esta es Zoey-señaló a una pelirroja que tenía a su lado y procedí a hacer lo mismo con ella, la había visto en los pasillos y ella estaba agradecida por haber librado al mundo de Zach durante una temporada- Y esta es Ariella-alzó la cabeza hacia una chica de pelo castaño y mechas ¿azules?, esa chica me iba a caer bien-.
-Encantada de conoceros a todas, soy Scarlett Curts-las sonreí con cierta timidez, pero… ¿desde cuándo yo, Scarlett Curts, era tímida?-.
-El placer es nuestro, Scarlett-Dijo Ariella- Creenos, lo es, no todos los días se conoce a la salvadora del Robert Lee.
Yo reí y procedimos a seguir con una conversación de cómo les había ido el día a las chicas. Eran gente con conversación, agradable e inteligente. Descubrimos que teníamos los mismos gustos y eso me hizo sentirme más del grupo, teníamos las últimas clases juntas, así que nos dirigimos a ellas.
No hubo más altercados en el resto del día, bueno, el profesor de Lengua nos riñó a Zoey y a mí por estar charlando despreocupadamente de una saga de libros que nos gustaba.
Al terminar las clases Zach estaba esperándome en la salida.
-Eh, nena-Me dijo mientras yo pasaba de largo-.
-¿Qué quieres, Louis?
-Avisarte, no te vuelvas a poner chulita conmigo, nena, o las pagaras muy caro-Arquee una ceja soltando una risita- Es enserio, tú no sabes quien soy ni el poderío que tengo.
-No me interesa tu vida, Zach, eres tú el que debe mantenerse alejado de mí, bueno de mí y del resto de humanidad, nadie te soporta-Me giré en redondo y me dirigí al coche de mi padre- Adiós, Louis-alcé la mano, despidiéndome-

Me subí al coche de mi padre y deje la bandolera en los asientos de atrás. Me echó la bronca del siglo, que si le había dejado en ridículo delante del director y del resto de profesores y bla bla bla…
Cuando llegué a casa mamá no estaba, había un post-it sobre la mesa en el que ponía “He ido hacer las compras, enseguida vuelvo, os quiero”. La comida estaba hecha y papá la sirvió, seguía enfadado conmigo porque a pesar de que me había dicho que era por el bochorno que había pasado, yo sabía que en realidad estaba preocupado por mi comportamiento. Él sabía que yo no era así, yo era una niña dulce y tranquila que nunca se metía en problemas, pero supongo que eso cambió tras mi primer día en el Robert Lee.
No me habían puesto muchos deberes así que me dediqué a empezar y terminar mi castigo sobre el talante.
Cuando terminé salí hacia la biblioteca del pueblo, miré las estanterías pero no había ningún libro de mi agrado. Así que me acerque al mostrador, donde estaban los diarios de Honoraria Fell, fundadora junto con su esposo Thomas Fell de la ciudad, me fije en un cuaderno de terciopelo azul, ahí estaba, había oído hablar de el y tenía ganas de leerlo, era el diario de Elena no me Gilbert, pero me abstuve a cogerlo, ya que no me gustaría que nadie leyese el mío, me encogí de hombros y salí de allí.
Caminé por la calle entusiasmada y sin darme cuenta llegué a Drowning Creek y me senté en el césped, una niebla inmensa comenzó a rodearme, obviamente no me daba miedo, pues yo siempre había sido una chica valiente y aventurera, aún recuerdo aquella vez que salí del apartamento que teníamos en Manhattan y fui hasta Renwick yo sola y mis padres tuvieron que ir a buscarme porque estaba empeñada en que ahí pasaba algo extraño, como nigromancia.
Y Alcé la cabeza al ver una sombra entre la niebla, era Zach, y tenía aspecto asustado. Estaba totalmente ridículo, pensé para mi fuero interno. Él también me vio, vino corriendo hacia mí, jadeante.
-¿Qué está pasando?
-No tengo ni la menor idea. ¿Se estará quemando algo?-Pregunté arqueando las cejas-.
-No, no huele a quemado.
Me encogí de hombros y me levanté del suelo.
-¿Te duele la muñeca?
-Bueno, sin más.
-Lo siento-suspiré, pues me costaba pedir perdón-.
-Ya da igual, tenemos peores problemas que ese ahora mismo.

Asentí y metí las manos en los bolsillos de los vaqueros. No paraba de mirarme.
-¿Sabes?-le miré directamente- Eres muy guapa.
-Eh, tío, que te esté ayudando no significa que seamos amigos. No me digas que soy guapa porque eso ya lo sé. Y soy más que eso, yo soy fabulosa.
-Que creído te lo tienes, nena. Te pareces a como era antes Elena Gilbert.
-Creo no deberías nombrar a una muerta, Louis.
Él se encogió de hombros-Oye, Scarlett, la semana que viene es el Baile de Otoño.
-Sí ¿y?-pregunté cada vez más confundida-.
-Que si vendrías conmigo.
Arqueé las cejas asombrada- ¿Le pides salir a todas las chicas que te rompen la muñeca?
-No, a todas no, a ti.
-Pues va a ser que no.
-Pero ¿Por qué?
-Porque no me gusta ni como eres físicamente, ni como te comportas, ni nada de ti, Louis. Me sacas de mis casillas.
-Tienes carácter eh…
-Sí, lo tengo. Nunca me había peleado con nadie ¿sabes?
-Mira, nena, yo solo te lo he pedido, tú eliges, pero es una buena forma de arreglar las cosas.
-¿De arreglar qué? Tú te metiste con mi padre, y yo defiendo lo que quiero. Es culpa tuya que tengas la muñeca rota, no mía.
-Bueno, vale, ya nos veremos-dijo él mientras desaparecía en la oscuridad-.

Cuando me quedé sola sentí que alguien me observaba, ya me había sentido así antes, en Manhattan, justo antes de que me atacaran. Salí corriendo, ahora si que tenía miedo, no me gustaba sentir las conversaciones privadas de mis padres cuando se me agudizaba el oído tras el ataque, ni el dolor punzante del mordisco.
Cuando llegué a casa mamá ya había llegado de las compras, no era muy tarde, las seis o siete de la tarde, así que me subí al dormitorio a escuchar música.

-“Daddy, Daddy no I don’t gana go to school”-Estaba cantando en la repisa de la ventana cuando vi pasar a una familia, los adultos iban cogidos de las manos y la mujer tenía cogida a una niña de la mano, era rubia y con ojos azules, la reconocí, se parecía a su hermana, era Margaret Gilbert. Me pregunté cómo se sentiría esa pobre niña que había perdido a sus padres y su hermana mayor en un intervalo de tres años. Cerré la ventana, ya no quería ver más dolor, no por ese día-.
Me tumbe en la cama pensativa, estaba contenta por haber hecho amigas, pero aún así estaba asustada por lo ocurrido en Drowning Creek.
El sueño me venció y me quedé totalmente dormida.

Estaba en Central Park con Danny, mi mejor amigo, habíamos estado jugueteando con la guitarra que tenía en su apartamento de soltero, como lo llamaba él, y cuando nos cansamos me acompañó a tomar algo, pero en lugar de eso nos quedamos sentados en el parque, mirando la noche, apenas faltaban unos días para que me mudara y tanto él como yo queríamos pasar el mayor tiempo posible juntos.
-Te echaré de menos-Me susurró en el oído rodeándome los hombros con su brazo-.
-Y yo a ti-Le besé en la mejilla con dulzura- ¿Vendrás a verme?
-En cuanto pueda, Chiquitina-Así es como me llamaba él, cosa que me encantaba, le sonreí-.”

Cuando me desperté, tenía una sonrisa inmensa en la cara. Seguro que Danny tampoco me había olvidado y que ahora estaba pensando en mí.

Busqué unos pitillos negros en el armario, una camiseta fucsia, unos botines de tacón y una cazadora de cuero negro. Entré al baño, me duche y salí a vestirme, tal y como había hecho el día anterior.

Tas desayunar salí hacia el instituto, los tirabuzones castaños ondeaban al viento otoñal, era un gran día, de eso estaba segura. Cuando llegué las chicas estaban esperándome, nos quedamos sentadas en las escaleras de la entrada durante un rato, cuando de pronto vi una moto que me resultaba familiar, me levante lo más rápido que pude y salí disparada hacia ella.
-¿Danny?
-Bingo-Sentí como alguien me rodeaba la cintura, me giré para mirarlo-.
-¡Danny! ¡Danny!-me aferré a él con fuerza-.
Reía, me besó toda la cara, le dediqué la mejor de mis sonrisas-Te echaba de menos, Chiquitina.
Mis amigas se quedaron mirándonos, al parecer les parecía imposible que alguien como yo tuviera un amigo como Danny.
-Yo también te echaba de menos-Me aferré a él con más fuerza- ¿Te irás pronto?-Él negó, aferrándome más a él-.
-No me iré directamente, he estado ahorrando desde que te fuiste y he encontrado una pensión barata, trabajaré, pero estaré contigo más tiempo.
Sonreí, estaba feliz, Danny se quedaría conmigo-¿Me acompañarás a clase?
-Cada día.
Tocó el timbre y me soltó. Fui corriendo hacia el portón y desaparecí en la multitud.


Capitulo 2.

Cuando salí de clase tras última hora Danny me estaba esperando en el mismo lugar que antes de clase, me despedí de las chicas y me fijé en que Zach nos miraba, me subí en la moto y me puse el casco, sonreí.
-¿Qué tal las clases?-Me preguntó-.
-A-B-U-R-R-I-D-A-S-deletreé recostando mi cabeza en su omoplato, él se rió y aparcó, en la casa de la Srta. Flowers-. ¿Aquí te quedas?-susurré, estaba cerca de mi casa, podría venir a verle en cuanto quisiera-.
-Sí, es un sitio bonito y cercano a ti-Me sonrojé levemente- Y bueno ¿Has hecho amigos?
-Si, tengo unas cuantas amigas, pero también tengo un enemigo.
-¿Tú? ¿Enemigos? ¿Desde cuándo?
-Desde ayer, le rompí la muñeca, se metió con mi padre.
-Ay Chiquitina que te me vuelves una malota.
-Aprendí del mejor-reí, abrazándole-.
-Sí, y alumna supera a maestro ¿no?
-Ajá-cerré los ojos, aspirando el familiar olor a madera que inundaba el cuerpo de Danny-.
-¿Subimos, Lett?-Dijo él mientras me abrazaba- Me encanta abrazarte pero voy a empezar a tener frío-Me reí levemente y me separé de él-.
-Vamos, anda-me cogió la mano y me guió a la parte superior de la casa mientras yo miraba alrededor, cuando de pronto vi a alguien que me llamo la atención en la habitación contigua a la de Danny, le solté y entré sin permiso- ¿Elena Gilbert?-Ella se giro, dejándome ver sus ojos lapislázuli, mostró cara de asombro, pues no me conocía-.
-¿Y tú eres?
-Scarlett Curts, Lett-miré de reojo a Danny, que miraba asombrado la belleza de Elena- Soy nueva en Fell’s Church, pero he oído hablar de ti y de lo que te… ocurrió y lo sé todo…-Volví a mirar a Danny- ¿Puedes irte un momentito?-Él asintió y desapareció tras su puerta- Sé lo de los vampiros…
-¿Cómo que lo sabes?
Sin previo aviso deje caer el cuello de la cazadora de cuero y dejé ver dos puntitos finos en la zona donde estaba la yugular.
-Oh… te mordieron.
-Sí, me mordieron cuando tenía unos 13 años. He investigado sobre ti… sabía que… no estabas muerta, cuando llegué aquí me pareció verte… sabía que eras tú porque vi tu foto en tu… lápida-susurré-.

Danny llamó a la puerta y luego entró-Lett, ¿te vienes?-yo asentí y me despedí de Elena, aún asombrada por lo ocurrido aquella tarde, Danny me guió hacia su dormitorio, cuando entre me quede asombrada, había reconstruido su antiguo apartamento en una sola habitación-.
-Guau… Está preciosa.
-Gracias, Chiquitina-Dijo rodeándome la cintura con sus brazos y haciéndome girar hacia él-.
-Gracias a ti por estar aquí-susurré contra su piel, colocando mis manos sobre sus hombros-.
-Lo prometí ¿no? Pues aquí estoy-Rozó sus labios con los míos, haciéndome cerrar los ojos, apretó sus labios contra los míos, introduciendo su lengua en mi boca, yo le seguí el juego, y seguidamente me aparte-.
-Danny…no…no puedo-susurré apartándome de él-.
-¿Por qué no?
-Porque eres mi mejor amigo y sé como eres, y también sé que mañana harás como que no ha pasado nada…-aparté la vista de él, dejando ver la cicatriz del mordisco, él pasó su mano por ella, suspirando-.
-¿Crees que he venido desde Manhattan solo para no acordarme de que te he besado, Scarlett? ¿Eso es lo que crees?
Bajé la mirada al suelo, agarrando la bandolera que colgaba de mi hombro- No lo sé, Danny… nunca te has fijado en mí, nos conocemos desde hace más de tres años, pero siempre has tenido otras preferencias… ¿Por qué ahora?
-¿Quieres saber por qué?-asentí, insegura- Porque antes eras pequeña y ahora… ahora eres Lett, porque me conoces mejor que muchas otras personas, porque hace tiempo que no hay nadie más que tú ¿vale? Llevo meses esperando que te des cuenta de que algo ha cambiado entre nosotros, porque yo sé que tú no sientes una sola amistad por mí, se te nota. Y yo tampoco siento una simple amistad por ti.
-Genial, ahora se supone que te he ofendido… Mira, Danny, yo no estoy hecha para tener relaciones, salta a la vista. No estoy hecha para tenerlas con cualquiera… pero ¿contigo? Eres mi mejor amigo, y lo que menos quiero es hacerte daño y luego perderte… No lo soportaría…
-¿Y quién te dice que me vas a hacer daño eh, Lett?-estaba ya histérico, en ese sentido era demasiado cerrada, no me gustaba expresar lo que sentía, porque contra más supiera de ti una persona, más daño te podría hacer, pero sin embargo, él lo había notado y claro que le quería, ¿pero cómo se lo podía decir?- Sé que Zach te dijo ayer de ir al baile con él ¿es por eso? ¿Te gusta ese musculitos?-Negué- ¿Entonces por qué?-susurró ya más calmado, me acarició la mejilla al ver que había comenzado a llorar- No llores…
Sorbí por la nariz, quitándome las lágrimas-Pues… porque me da miedo. Simplemente es eso, me da miedo estar con alguien y que luego me hagan daño-me sequé la cara con la manga de la chaqueta de cuero-.
-¿Crees que te voy a hacer daño, Lett?
-Tú no, otros sí.
-Confía en mí, por favor-Me cogió de la cara, acercándome a él-.
-Confío en ti…-susurré mientras él, acercaba sus labios a los míos para besarme y esta vez me dejé besar- ¿Vendrás conmigo al baile?
-Estaba esperando que me lo preguntaras. Claro que iré contigo, y lo creas o no, serás las más hermosa de las presentes-Me ruboricé- Me encanta que te ruborices-susurró acariciándome la mejilla-.
-Pues… lo haré con más frecuencia-reí y le besé levemente- He de irme, mi padre estará histérico, me ha visto subirme en la moto.
-Si quieres te llevo.
-¿Estás seguro? Papá te comerá como te vea en una moto, ya sabes que se preocupa mucho por “Su niñita” y las motos son “Malas” aparte de que te tiene mucho aprecio y te dará una charla mortal sobre las motos…
-Vale, vale, lo he captado, Nos vemos mañana, Chiquitina-besó mi frente y me dejó ir-.
Bajé las escaleras de la casa tambaleándome, demasiadas emociones fuertes. Pero… ¿Cómo era posible? Danny me quería y sabía que yo también lo quería a él… ¡Me quería! Yo que me había pasado un año entero pensando que jamás estaríamos juntos…Pero hoy había recorrido cientos de Kilómetros solo para verme, a mí…

Volví a casa para la hora de la cena, sonriendo. Papá estaba zapateando en el comedor, tenía cara de malas pulgas y temí lo peor.
-H-hola, papá.
-¿Dónde diablos has estado? ¿Te parece bonito desaparecer así? ¡Y en una moto! ¿Sabes el riesgo que tienen las motos, jovencita? ¿Y quién era con el que te ibas? Me gustaría conocerle y cantarle las cuarenta y…-estaba rojo de furia, y yo más blanca de lo que solía estar, papá alzó la mano y me zarandeo cuando vio que apenas le escuchaba, entonces pegué un gritito, debido al impacto que recibí contra el respaldo de la silla- Estás castigada ¿me oyes? ¡Castigada! No vas a salir en todo el fin de semana.
-Papá, no puedes hacer eso, soy casi mayor de edad…No puedes castigarme, al menos no ahora.
-¡Mientras vivas bajo mi techo estarás castigada! Y no quiero volver a verte subida en una moto.
-Ah, qué esas tenemos ¿no? ¿Quieres que me largue? Conozco a gente y sabes que podría irme.
-No me amenaces con irte, señorita, que la tenemos.
-¡Pues no me castigues!-le grité- Ni que me hubiera escapado de casa.
-Te has subido en una moto con un desconocido para hacer Dios sabe qué.
-¡No era un desconocido!
-¿Pues quién era? ¡Qué le conozcas de un día no significa que no sea un desconocido!
-¡Danny, papá! ¡Era Danny!
-¿Danny? ¿Danny, Danny?-Dijo él un poco aturdido-.
-Sí, papá, Danny, el de Matan, ha venido y para quedarse… está en la casa de huéspedes.
-¿Desde cuándo tiene una moto?
-Pues desde siempre, papá, lo que pasa es que tú no lo sabías.
-¿Y cómo es que ha venido?
-Porque…-me puse colorada, y lo entendió-.
-No hace falta que me lo digas, es tu novio, ya me lo tendría que haber imaginado. Pero… usáis precauciones ¿no?
-¡Papá! ¡Cállate!
Él se encogió de hombros y por fin después de media hora de charla me dejó subir a mi dormitorio. Subí las escaleras despacio, fijándome en todos los detalles de las paredes, el balaustre de la escalera, etc.… Cuando ya estaba arriba encendí el reproductor de discos en el que estaba sonando ya una canción de rap que a mí siempre me había encantado.
-“Si lo que sientes es dolor por el resto de gente que no expresa solo sienten lo que tus ojos proyectan”-dije cantando, amaba esa canción tanto o más como al resto de las canciones de ese cantante-“Marca tus pasos como si fuera el último, un día es un capitulo y tu vida es el titulo”

Después de cantar unas cuantas canciones de Young Killer, uno de mis cantantes favoritos, obviamente ese no era su verdadero nombre, se llamaba Jorge y tenía canciones como “Lo siento si te falle”, “Puro amor” o “Soy un guerrero”. También me gustaban otros tipos de cantantes que hacían compañía a Young Killer en algunas de sus canciones a dúos, como Critika y Saik o Xriz… ¿Mi canción favorita de ellos? “Mundo de papel” o “Un amor de siempre”. Al pensar en esta canción no pude evitar acordarme de Danny, ¿Qué estaría haciendo? Dormir, seguramente, conociéndole… Desde luego me había pasado varios años de mi vida enamorada de él, y yo pensaba que él ya lo sabía, pero al parecer no, jamás le dije nada porque… ¿Qué iba a hacer él saliendo con una niña tres años menor que él? A mis diecisiete años de edad jamás había conocido a alguien tan atractivo como él, tenía el pelo castaño dorado y unos ojos… unos ojos que cuando los vi por primera vez pensé “Las estrellas brillan porque reflejan tu mirar”, de color azul, tan claro que a veces parecía que no tenía iris. Pero lo que realmente me enamoró de él fue esa sonrisa irónica que siempre llevaba puesta en la cara. Tenía un humor que solo él conocía, ni siquiera yo, que había pasado tres años con él, entendía su humor. Pero tenía la corazonada de que muy pronto averiguaré todo sobre él, y por fin tendría las respuestas a todas mis preguntas.
Un golpe en la puerta me despertó de mi ensimismamiento. Era mi madre.
-Scarlett, la cena está en la mesa.
-Vale, mamá, ya bajo-Dije yo suspirando pues no tenía hambre, lo único que me apetecía era ir a dar una vuelta a despejarme y pensar en Danny, y en todo lo que a él se refería-.
Bajé las escaleras rápido para no dar oportunidad a mi padre de gritarme más. Sí, estaba castigada, pero aún tenía mi propia libertad en lo que a estar sola se refería… así que… ¿Me podría escapar? No enserio, solo para ver a mis amigas y a Danny en algún momento, las debía una explicación por lo de esta mañana y a Danny… necesitaba verlo, había sido demasiado tiempo sin él.
Cené lo más rápido que pude, sin pronunciar palabra para dejarle claro a mi padre que estaba muy cabreada con él. Cuando mi madre me dio permiso, me levanté de la mesa y fui directa al baño a limpiarme los dientes, odiaba tenerlos sucios y subí a mi habitación diciendo un simple “Hasta mañana, no me molestéis que tengo sueño”. No les di ni tiempo de contestar y cerré la puerta de un portazo.
Cuando estaba metida en la cama con un pijama de verano en color rosa, un color que odiaba, todo cabe decir, empecé a oír piedras contra la ventana, me asomé deseando que fuera Danny, pero no, era demasiado pedir, era Zach.
-¿No conoces el significado de la palabra dormir?
-Lo cierto es que no, venía a pedirte perdón por lo ocurrido ayer en clase de tu padre y en Drowning Creek.
-Me da igual, Louis, estaba intentando dormir, estoy castigada y mi vida es un asco ¿Sabes? Y encima vienes tú y me despiertas-cogí la piedra que había lanzado contra la ventana y se la tiré, la consiguió esquivar- ¡UY, CASI!
-¡Estás loca, Scarlett!
-Vete a la mierda, imbecil.
-¿No vendrás conmigo al baile?
-No.
-¿Y con quién vas a ir? Si se puede saber, porque no creo que nadie te lo pida.
-Con mi novio-dije intentando parecer despreocupada, lo cual no conseguí-.
-¿Con tu novio? ¿Tienes novio? ¿Quién es tu novio?
-La curiosidad mató al gato, chaval. ¿No has visto a un tío con chupa de cuero y una moto en el instituto?
-Sí.
-Pues ese es mi novio. Danny.
-Vas flipada si te crees que me lo voy a tragar.
-Cree lo que quieras, ya lo verás el día del baile.
-Vale, chica, ya lo veremos-me guiñó un ojo y desapareció-.
Cerré la ventana y las cortinas para que no entrara la luz de la noche. Ese tío me ponía realmente de los nervios, tan guay que se creía. Me tiré sobre la cama, quedándome profundamente dormida.
Cuando me desperté aún era pronto para ir a clase, así que me levanté y entré al baño para darme una ducha relajante. Al salir me puse un par de toallas una para el cuerpo y otra para la cabeza. Abrí la puerta del baño y entre a la habitación de nuevo.
-¿Qué haces aquí?-Susurré mientras Danny se acercaba a mí-.
-Estaba la ventana abierta y simplemente escalé un árbol. Necesitaba verte-Dijo él excusándose-.
Le sonreí mientras él me rodeaba con sus brazos, parecía estar… ¿Oliendo mi pelo? No le di importancia, eso hacia alguna gente cuando llevaba tiempo sin ver a la persona a la que querían ¿no?-Yo también necesitaba verte-Rodeé su cuello con mis brazos, poniéndome de puntillas para quedar a su altura, o intentarlo al menos-.
-Creo que te tendrías que vestir, o llegarás tarde a clase, Chiquitina-susurró contra mi piel mientras se inclinaba para besarme-.
-Espera abaj…-No me dejo terminar la frase, pues ya me estaba besando, le seguí el beso intentando parecer lo más dulce que pude-.
-Vale, Lett, abajo estaré-sonrió y desapareció en la ventana, de oyó una caída pero ningún alarido, no se había hecho daño-.
Abrí mi inmenso armario del que saque una falda de cuadros de colegiala del uniforme de mi antiguo colegio y me la puse y seguido me puse una blusa blanca y me deje dos botones desabrochados, dejando casi ver el sostén. Busqué unas manoletinas del color de los cuadros de la falda y me las puse. Me miré al espejo de mi habitación. “Preciosa, delicadamente hecha por los Dioses” Me dije riendo. Me senté frente el tocador y empecé a peinarme, necesitaba un cambio igual me echaba mechas o me teñía, se lo preguntaría a Danny, me deje el pelo suelto con una diadema que llevaba un mini lazo blanco.
Bajé las escaleras cogiendo antes la bandolera, y sin pasar por el comedor desaparecí de la casa. Me encaminé hacia la acera de enfrente, en la cual estaba Danny con su moto, sabía que mi padre estaba mirando por la ventana pero no me importó, sonreí a Danny desde la lejanía y cuando estuve lo suficiente cerca de él, me incliné hacia él y le besé. A pesar de la lejanía que había entre nosotros y la casa se oyó el rechinar de los dientes de mi padre. Para él seguía siendo su niña, que no tenía novio y no debía alzar sus alas, pues según él, aún no estaba preparada para eso.

Scarlett Curts; Fanfic de Crónicas Vampíricas.


Ficha Técnica.

Nombre: Scarlett.
Apellido: Curts.
Edad: 17 años.
Lugar de nacimiento: Manhattan.
Ubicación: Fell’s Church.
Signo de Zodiaco: Virgo.
Fecha de Nacimiento: 13 de Septiembre.

Descripción Física.

Scarlett es una joven de pelo castaño, largo y rizado, sus rizos son definidos. El color de sus ojos es azul, casi gris. Alta, de piernas largas y delgadas, su torso es fino, pero con curvas. De piel pálida, ya que apenas toma el sol. Sus labios son de color carmín y carnosos. A pesar de lo que ella piense es bastante atractiva.

Descripción Psicológica.

Una joven extrovertida, a la que le gusta pasarlo bien. Es inteligente, aunque algo vaga, por eso sus notas no son tan buenas como cabría esperar. Suele vestir con vaqueros pitillo o shorts, camisas y tacones, con el pelo suelto, y de vez en cuando algún adorno en el. Adora todo lo relacionado con lo sobrenatural como vampiros, licántropos, semidioses, hadas, elfos estivales… Adora leer, normalmente lee novelas fantásticas, se pasa las tardes viendo películas como “Carrie”, “Frágiles” y demás películas de miedo, aunque también le gustan los clásicos como “Titanic” o “Romeo y Julieta”. Es una amante de la música, por lo que normalmente va con su MP4 en los bolsillos y los cascos puestos.

Historia.

Scarlett se acaba de mudar a Fell’s Church ya que su padre, un profesor de prestigio, ha sido destinado como profesor de historia al Robert Lee. Ha dejado atrás a todos sus amigos en Manhattan.
Se ha informado sobre las historias que acarrean a su nuevo pueblo, excitantes para una amante del miedo y la fantasía como es ella.
A veces la gente que la conoce la tacha por loca, pero eso es porque no saben la verdadera historia que se esconde tras esa tez pálida.
Cuando era más joven, a los trece o catorce años, en segundo de instituto, Scarlett fue atacada por un misterioso animal, o eso dicen sus padres, porque ella sabe a la perfección lo que la atacó, conoce los síntomas que tanto ha estudiado; ojos en la oscuridad, incluso pérdida de la cabeza y agudeza de sentidos. Solo ella sabe a lo que realmente se enfrentó.
Ahora tendrá la oportunidad de juguetear con el lado oscuro del mundo, en un lugar donde las líneas mágicas se unen en un solo punto, donde la sangre de más de uno fue derramada en una guerra, la Guerra de la Secesión.










sábado, 2 de julio de 2011

Temores; Segundo Capitulo


Todo era muchísimo más fácil si no pensaba en ello, si no pensaba que cualquier día tendría que abandonar a mi familia y no mirar atrás. “Abandonaré a mi familia, si, y cuando volvamos allí, formaré la mía propia, la mía y de Caius-pensé mientras le miraba, estaba dormido y en sueños sonreía-.”
Me tumbe a su lado en la cama, él medio dormido aún me atrajo hacia él rodeándome con los brazos alrededor de mi cuerpo, sonreí y me giré entre sus brazos para mirarle, le di un beso leve cuando de repente Alexandre entro al dormitorio.
-Ha habido un ataque-Dijo con respiración entre cortada, Caius se despertó-.
Alexandre salió del dormitorio mientras que Caius y yo nos vestíamos con nuestro habitual traje de pelea negro, cogí mi capa roja y me la puse atándola a mi cuello con un lacito. Caius beso mi nuca calmándome.
Salimos del escondite dirigiéndonos a la zona de apartamentos en la que por aquel entonces yo vivía. Todo parecía igual pero yo sabía que algo iba mal, muy mal. Subimos los pisos rápidamente, entramos en mi casa, todo estaba desordenado, con la puerta derribada, me asusté, había manchas de sangre allí por donde pasaba, miré mi dormitorio, estaba tal y como lo había dejado hacia ya casi tres días. Me acerque al dormitorio de mis padres, sobre la cama había tendidos dos cuerpos, un hombre y una mujer, ambos sin vida. Eran mis padres, o al menos, lo que quedaba de ellos. No pude evitar pensar en mi hermano. Se oyó un ruido en la cocina. Un cuerpecito pequeño que apenas contaba con diez años estaba tendido en el suelo, aun respiraba. Corrí hacia él, cogiéndole, le senté en mi regazo y le acuné.
Puse mis manos sobre la herida de su hombro, bajo mis manos apareció una luz blanca, le estaba curando. Mi hermano recuperó el color. Alexandre y Caius observaban en silencio. Mi hermano abrió los ojos asustado, se aferró a mí, le bese en la frente derramando lágrimas.
-¿Estás bien?-le susurré con la voz ronca de tanto llorar-.
Él asintió, sentí alivio pero aun así estaba triste y aturdida. Alexandre dio un paso hacia adelante.
.Le llevaremos a casa-me dijo este- estará bien, ahora es como de los nuestros.
Asentí y él junto con mi hermano desapareció de la casa. Fui de  nuevo al dormitorio de mis padres. Encendí la luz. Caius y yo nos acercamos a sus cuerpos, tenían marcas de mordiscos.
-Repudiados-Dijo Caius apretando mi mano a modo de consuelo-.
Los repudiados eran vampiros que no acataban las normas de la casa a la que pertenecían, la casa de los Delacroix era una de ellas.  Se dedicaban a asesinar a personas inocentes, les daba igual todo. Para ellos contra más joven mejor.  Sentí coraje. ¿Y si hubiese muerto mi hermano? Tenía diez años, le quedaba una vida por delante, una larga vida.
Cerré los ojos de mis padres y comencé a llorar junto a ellos, con fuerza. Nadie podía consolarme, ni Caius. Me quedé así durante horas, no sé cuantas fueron. Por la mañana apareció la policía, un vecino había avisado de los gritos de hace unas cuantas horas.
Decían que había más casos similares, asesinatos en serie, al parecer. Pero en donde ellos veían asesinos en serie, yo veía a Repudiados inexpertos.
Cogí unas cuantas maletas llenándola de las pertenencias de mi hermano, mías y algunos recuerdos con nuestros padres. Camine hacía el balcón interior y cogí una gran pecera con una tortuga recién nacida dentro, se llamaba Marlín, como el padre de Nemo en “Buscando a Nemo”. La compré un par de meses antes de que mi abuela muriera por su enfermedad.  Nos fuimos.
Al llegar al escondite se oían risitas, sonreí. Entramos, mi hermano estaba tirado en el suelo riéndose porque Alexandre le estaba haciendo cosquillas. Al verme se levantó y vino corriendo a abrazarme fuerte por la cintura. Me quería y yo no podía vivir sin él.
-Leonard-le abracé con fuerza-.
Alexandre me miró. Se acercó a nosotros.
-Debéis cuidarle, eres su hermana y su única familia-nos miro a Caius y a mi-.
-Como si fuera nuestro propio hijo-Sonrió Caius intentando hacerme sentir mejor-.
-Uff, creo que me he saltado casi once años de maternidad.
Todos se rieron con fuerza, incluso Morwen que acababa de llegar a la casa. Yo sabía que con el tiempo y la eternidad él se olvidaría de nuestros padres y pensaría que Caius y yo lo éramos. Ojala fuera así, yo no aguantaría verle sufrir más.
Teníamos una habitación libre en la cual, Leonard, podría estar, sería su habitación, su nueva habitación. Metí las maletas dentro, comencé a ordenarla, cuando terminé ya era de noche. Leonard apareció con su pijama azul y su bata en tonos grises. Llevaba los pies descalzos y estaba agarrando su libro de “Geronimo Stilton, la carrera más loca del mundo”. Siempre llevaba un libro en la mano, le encantaba leer y era muy inteligente, aunque yo no lo dijera en voz alta, me sentía orgullosa de ser su hermana. Leonard era siempre amable con todo el mundo, de estatura mediana para la edad que tenía, de constitución fuerte, su pelo era Cataño claro, de piel pálida como la mía, era de naturaleza afable, aunque de vez en cuando cabezón. Y yo lo quería con locura.
Él me abrazo con fuerza, cerrando los ojos, le besé en el pelo, vi como Leonard bostezaba y dejaba caer su libro al suelo. Estaba cansado. Le abrí la cama y le tumbe sobre las sábanas de ositos marrones, él se abrazó a la almohada y yo me senté en el suelo mirando como dormía mi pequeño hermano. Este se durmió. Sonreí, Caius apareció por la puerta, mientras yo me levantaba, no le veía, entonces me abrazo por la cintura con una nueva ternura que jamás había notado cuando me abrazaba. Yo sabía a qué se debía ese cambio, pero era demasiado cobarde como para decirlo en voz alta, pues sabía que la formulación de dichas palabras encadenadas me derrumbarían.
-No te preocupes, todo va a salir bien-decía mientras me besaba en la sien- Estoy aquí contigo-Yo sonreí mientras miraba la intervalada respiración de Leonard, gire mi cabeza para intentar besarle, pero al ser el más alto que yo no lo conseguí, el se rió- Cariño, vamos a la sala, tenemos que hablar con Alex…Alexandre-añadió cuando vio aparecer una sombra por detrás nuestro, era Alexandre, le dio una palmadita en el hombro a Caius-.
Los tres salimos hacia la sala de la guarida, Morwen estaba allí. Lucia un hermoso vestido en colores claros. Suspiré. Yo llevaba ropa mundana, unos vaqueros maltrechos, rotos por abajo, una sudadera rosa chicle, con unas Adidas bastante sucias. No-pensé- Jamás seré como ella. Ella era hermosa, de semblante mágico y puro, y yo, yo solo era una mundana, demasiado mundana para conseguir lo que todos esperaban que consiguiera. Lo único que tenía para poder seguir viviendo era Caius, bueno él y la pequeña figura que dormía en su dormitorio, Leonard. Morwen en cambio tenía miles de cosas, una familia, y al menos se acordaba de ella, tenía a Alexandre que la adoraba  y allí de donde éramos tenía un hijo, y tal vez algún día tuviera un segundo. Ella era hermosa, la más hermosa. Y yo solo era Ariadne, Ariadne Delacroix, no era ni fea ni guapa, ni alta ni baja, ni gorda ni delgada. Solo era yo.
Caius me miraba, si, por milésima vez se me había olvidado proteger mi cabeza, es decir, esto hacia que Caius pudiera leer mi mente, con protección no. Él acaricio mi cuello, me beso en el pelo y suspiró- Eres lo más hermoso de aquí-Dijo con voz baja- Así que no pienses lo contrario, porque no te lo permito.
Alexandre comenzó a hablar.
-Hoy hemos descubierto que en las zonas cercanas a nuestro distrito* ha habido más ataques de Repudiados. No son muy expertos, pero son fuertes y muchos. Tal vez haya alguien detrás controlando cada paso de dichos esperpentos-Asentimos casi al unísono- Tenemos que encontrar a este aquelarre de Repudiados y darles fin. Mañana salimos, Heidi se quedará aquí cuidando de Leonard, será así durante el tiempo que no estemos aquí en casa. De mientras Heidi se quedará con nosotros-Me miró directamente a mí con mirada de culpabilidad- ¿Vale?
-Entendido.

Temores; primer cápitulo.


Caminaba por la calle sin alzar la mirada al frente, sin ver otra cosa que las punteras de mis zapatos ya desgastados. Choqué contra un hombre que hizo que despertará de mi ensoñación. Me disculpe y seguí caminando por las calles de Manhattan, no podía creerlo, había vivido engañada durante toda mi vida.
Entré en mi casa tirando las llaves en el mueble de la entrada, como hacia siempre. Caminé a mi dormitorio a paso de zombi, tambaleándome, caí sobre la cama mirando a mí alrededor, cerré los ojos pensativa y miles de recuerdos asaltaron a mi mente.
Siempre había sido Ariadne Delacroix, una joven de piel clara, pelo rubio y con ojos del color del zafiro. Una niña que se llevaba bien con todo el mundo, que por desgracia no era muy agraciada pero su buen humor corregía ese único fallo. Esa muchacha que ya tenía casi los 17 años, una edad que le cambiaria la vida y que en este último año había cambiado su forma de ver las cosas.
Ya no era esa niña infantil de hace unos años, no, ya no. Ahora quería cambiar las cosas, quería ser alguien grande y que su gente la conociera.
Ella no era solo Ariadne Delacroix, esa muchacha del norte de Manhattan, no era solo esa niña francesa que se había mudado a Estados Unidos cuando casi la raptaron. Por aquel entonces ella pensaba que esas personas eran malvadas pero ahora creía que no, que solo querían enseñarla como era su verdadero yo.
Me levanté de la cama escuchando los ronquidos de mi padre que procedían de la otra habitación. Miré mi reloj, era tarde y Alexandre me esperaba.
Salí disparada hacía la puerta dando un portazo fuerte.
Caminé por la calle durante cinco minutos hasta llegar a la plaza en la que Alexandre me esperaba. Estaba sentado mirando el agua de una fuente, vestía con sus habituales colores oscuros que le camuflaban en la noche. Cuando me vio me lanzo una sonrisa torcida. Bajé la cabeza y llegué hasta él con las manos en los bolsillos.
-Hola-Dije en un suspiro-
-Te estaba esperando señorita Delacroix.
-Lo siento, después de la noticia he estado como ida.
Él asintió y se levantó del banco en el que yacía. Le seguí, él me guió hasta un lugar escondido y recóndito de Manhattan. Seguía pensando… y Caius siempre estaba en mi cabeza.
Cuando llegamos a lo que parecía un escondite.
-Nadie más lo ve, tiene un glamour-Dijo él-.
Entramos, no pude evitar soltar un grito ahogado, él estaba ahí, vestido con su habitual traje negro. Su pelo resplandecía en la oscuridad.
Corrí a abrazarle con fuerza, me besó en el pelo.
-Ariadne… -susurró contra mi pelo-.
Comencé a derramar lágrimas.
-¿Qué tal tu… misión?-Alcé la mirada a su cara, él me miraba fijamente-.
-¿Estás bien, Ari?
-¿Cómo quieres que esté? Mi novio se va a una misión en la cual su vida peligra y se va sin despedirse…
-No podía hacerlo-acaricio mi mejilla con su pulgar y luego besó mi frente-.
Alexandre y yo nos pasamos la tarde entrenando mientras que Caius descansaba de su misión.
Terminamos de entrenar puesto que ya estábamos agotados. El reloj dio las ocho de la tarde, lancé un suspiro.
-Voy a casa, mis padres me estarán esperando.
-Ariadne-Dijo Alexandre-.
Le mire-¿Si?-Él se levantó y se colocó frente a mí-.
-Tienes que elegir, o seguir con esta vida o vivir una vida humana con tus padres, pero sin Caius.
Me llevé la mano a la boca- Déjame pensarlo, Alexandre…
Él asintió en silencio mientras salía hacia la habitación de Caius.
Cuando entré él estaba dormido en una gran cama de matrimonio idéntica a la que él y yo teníamos en nuestro verdadero hogar.
Me senté a su lado acariciándole la cara, él despertó poco a poco, cuando me vio sonrío. Por vez primera desde que había vuelto de su misión Caius me besó, sin poderlo evitar le sonreí mientras aun nos besábamos.
-Yo no quiero hacerte elegir, pero no mentiría si dijera que quiero que te quedes conmigo-me susurró cerca del oído-.
-Y quiero elegir esto-le señale- necesito tiempo para hacer que la gente se olvide.
Él me rodeó con sus brazos, apretándolos alrededor de mi cintura-Te quiero.
-Y yo a ti y lo sabes, he de irme…
-No lo hagas, pasa aquí la noche, tus padres no se enteraran.
Era difícil decirle que no a Caius cuando vivías por él-Vale-le susurré mientras me levantaba, desabotoné mi abrigo y lo coloqué en el perchero-.
Caius se levantó, abrió la puerta y se dirigió a la sala principal. Le seguí. En la sala estaba Alexandre junto con una mujer joven, de pelo muy claro, vestido largo blanco y ojos azules eléctricos, la reconocí, era Morwen.
Caius colocó su brazo alrededor de mi cintura aferrándome contra él. Morwen se giró y me miró de arriba abajo. Mi ropa no la gustaba.
-Nunca entenderé esas modas mundanas.
Me encogí de hombros soltando una sonrisita.  
-La verdad es que me gustan más los vestidos que tengo en el armario del dormitorio.
-Ponte uno-me dijo ella cogiéndome del brazo-.
Fuimos al dormitorio de nuevo, pero esta vez solo Morwen y yo. Rebuscamos en el armario rustico que estaba junto a la puerta. Sacamos uno de color magenta con rebordes dorados. Me lo puse.
-Creo que este me lo regalo mi padre, aun no lo recuerdo.
Ella sonrío-Estás preciosa, a Caius le encantará ya lo verás.
Volvimos a la sala caminando despacio por los pasillos, yo miraba todo como si fuese la primera vez que estaba ahí, aunque en realidad llevaba cerca de medio año alternando los días para poder ir allí. De vez en cuando dormía en esa casa, que normalmente no tenía ningún glamor. Morwen me miró.
-Cariño, ¿Te pasa algo?-preguntó un poco preocupada o al menos eso parecía aunque Morwen era muy reservada como para decirlo-.
-No, no, solo pensaba en cómo hacer que la gente se olvide de mí, es esto o mi vida humana. Y elijo esto.
Ella me dedicó una sonrisa divertida. Llegamos a la sala riéndonos, Morwen se sentó junto a Alexandre, este la beso en la sien ¿Se me había olvidado decir que estos eran pareja?
Caius me miro como si se acabará el mundo, como si fuera la primera y última vez que me pudiera mirar. Me senté en su regazo, me apretó contra él.
Le mire a los ojos, le brillaban, pude sentir cuanto era el amor que sentía por mí.
Me quede pensativa.
<<Alexandre estaba sentado en el sillón de mi salón, yo estaba recostada en el sofá color rojo cereza de mi casa. Alexandre me estaba explicando los muchos hechizos que tenía que haber aprendido el día anterior, él cambio el tema de conversación, empezó a hablar de Caius y de cómo se sentía…
-Verás, lo que Caius y tú sentís no es algo que se pueda romper, os necesitáis el uno al otro y cuando estáis separados durante mucho tiempo podéis incluso morir-sentí un nudo en el estomago- Es lo mismo que me pasa a mí con Morwen>>
Por aquel entonces solo la había visto una vez cuando Caius estaba en una prueba y ella y Heidi pasaron a verme, Caius lo pasaba muy mal cuando no me tenía vigilada, así que mando a mis nuevas amigas a verme. Ese día, por vez primera pasé a un espíritu de ojos verdes al otro lado. Hay dos tipos de espíritus por lo que yo sé, de ojos verdes a los que sé pasar al otro lado o los de ojos rojos, con los que apenas me he topado. Hice luz con mi mano pasando a un par de espíritus. No era complicado pero luego me solía sentir débil.
Desperté de mis recuerdos cuando Caius besó mi mejilla y yo sonreí.
-Tengo sueño-le susurré-.
Él al oírme me cogió en brazos, me aferré a él para no caerme, porque aun sabiendo que quien me llevaba era la persona que más me quería, yo seguía siendo insegura-la voy a llevar a la cama, si eso luego vengo-aunque los cuatro sabíamos que no lo haría-.
Salimos de la sala, él me seguía cogiendo en brazos, entramos al dormitorio y me recostó en la cama. Busqué mi camisón bajo la almohada, él se giró.
-Oh venga, eres el tío con el que pienso pasar el resto de mi vida y aun te giras cuando me voy a cambiar-Dije cambiándome-.
Él se rio y se giro cuando yo me estaba colocando el camisón, besó mi frente y yo sonreí, rodee su cuerpo con mis brazos, él me levantó del suelo y yo rodee su cintura con mis piernas, él se rió mientras buscaba mi boca con la suya. Me besó, le besé. Me recostó en la cama y me besó en la frente.
-¿No quieres?-susurré casi para mí-.
-No es eso, mañana tienes clases-Dijo mientras me acariciaba la mejilla-.
No dije nada más y me acurruqué bajo las sábanas, él se tumbo a mi lado, yo no quería decirlo pero ambos sabíamos que me había hecho sentir rechazada,  nadie podía haberme  hecho sentir así… salvo él.
Él suspiró, estaba leyendo mis pensamientos y sabía que yo me hacia la dormida solo para evitar hablar con él.
-Cariño…-Dijo, no contesté-.
Volvió a suspirar y se colocó bajo las sábanas abrazándome por la cintura, con fuerza. Me giré a mirarle, él me miró y alzó su mano a mi pelo.
-Lo siento…-susurró y cerré los ojos- Te quiero, Ariadne-los volví a abrir mientras le escuchaba- Avareen sabe  que no hay cosa o persona que más quiera que a ti, claro que quiero, pequeña, pero no podemos…
Suspiré y le miré a los ojos- No se tienen por qué enterar…
Él me besó con sumo cuidado, enredó sus dedos en mi pelo, le acaricié, él se rió y nos seguimos besando, él jugueteó con el lacito del camisón, me besó toda la cara, metí mis manos por dentro de su camiseta negra, se estremeció ante el contacto de mi piel y la suya, levantó un poco mi camisón, lo suficiente para que me viera el muslo. Se apartó un poco.
-No podemos-suspire, él me atrajo hacia él, recosté mi cabeza en su pecho, aferrándome a él-.
Me quede dormida, dormí bien, durante varias horas, cuando desperté el calor del cuerpo de Caius ya no estaba. Me levanté de la cama con las piernas entumecidas, mire el reloj, era tarde, busqué una bata de tela china, era blanca y rosa, salí de la habitación caminando hacia la sala, me recosté sobre el marco de puerta, Caius sonrío, Alexandre que estaba sentado leyendo un libro, dándome la espalda, se giró y palmeó el hueco vacío que había a su lado. Me senté junto a él. Me miró serio.
-¿Qué es lo que paso anoche?-Junté los dientes apretándolos-¿No te tengo dicho que eso ahora no lo podéis hacer? El mundo puede estar en peligro y tú que eres de las pocas personas que pueden hacer algo ¿Vas a estropearlo todo por un poco de sexo que puedes tener cuando todo esté bien? Mira Ariadne, siento ser tan duro contigo porque me caes realmente bien, pero ya conoces las normas.
Yo no contesté. Me quede sin saber que decir o que hacer, mire al suelo, me quede así un rato. Alexandre suspiró. Me levanté sin decir nada y Salí de la habitación, fui al dormitorio otra vez y busqué mi ropa del día anterior, cogí mi bolso y ordené el dormitorio, volví al salón, Alexandre y Caius me miraron.
-¿A dónde vas?-preguntó Caius-.
-No lo sé, solo me voy…ç
-¿Luego vuelves, cariño?-siguió preguntando este-.
Me encogí de hombros y vi como Alexandre me miraba preocupado, él sabía que lo que me había dicho me había dolido. Caius se puso en pie, se acerco a mí y me acarició la mejilla.
-Te acompaño-concluyó él-yo sabía que tenía miedo de que no volviera, él siempre quería estar conmigo y yo jamás le ponía pegas a ello-.
-Vale, Demos un paseo-Cogí la mano de Caius entrelazando nuestros dedos, él sonrío y apretó nuestras manos-.
Nos despedimos de Alexandre y Morwen, esta acababa de levantarse.
Caius y yo salimos de la casa.
Caminamos por los parques del centro de Manhattan. Por vez primera estaba sola con Caius caminando por las calles de la Gran Manzana.
Caius pasó su brazo alrededor de mi cintura apretándome contra él, sonreí. ¿Cómo podía todo mi mundo centrarse en una sola persona? Ni yo misma lo sabía., él era la persona con la que quería despertar cada mañana, solo sabía eso, que lo amaba sobre todas las cosas y que quería pasar toda mi vida o existencia a su lado. Él me estaba leyendo los pensamientos, los ojitos le brillaban alegres. Me besó en el pelo.
-Te amo-susurró en mi oído- Más que a mi vida.
Sonreí mirándole- Te amo.
De frente aparecieron dos siluetas, conforme iban avanzando hacia nosotros, sus rasgos se iban visualizando mejor, los conocía, claro que los conocía. Eran mis dos personitas más importantes en mi vida mundana. Mis dos mejores amigos, Danny y Cory.
Danny era algo mayor que yo, un par de meses mínimo, era alto y su pelo era moreno y corto. Siempre me ayudaba en todo y yo le ayudaba a él. Habíamos pasado mucho juntos.
Cory era menor que nosotros, un par de años o algo menos, tenía mi altura, su pelo también era moreno y a diferencia de Danny, Cory llevaba gafas. Era quien me hacia reír, nos apoyábamos siempre.
Les sonreí, ellos se acercaron.
-Hola, peque-dijo Danny-.
Cory se rió levemente- Hola Ariadne, ah y hola Caius.
-Hola, chicos-dijo mi novio algo inseguro-.
¿Por qué no has ido a clase hoy?-Me preguntaron y Caius se rió-.
No la dejé-Dijo este- a ver si algún listo la va a enamorar.
-Como si ella pudiera querer a alguien que no fueras tú-Dijo Cory divertido, yo les miraba riéndome-.
-Bueno, nosotros vamos a ver a una amiga de Cory-Dijo Danny comenzando a andar de nuevo- os dejamos solos, cuídamela-le dijo directamente a Caius-.
-No te preocupes, lo haré con mi vida.
Se despidieron y siguieron su rumbo. Caius y yo nos volvimos a quedar solos, disfrutando de la soledad de una pareja.