Capitulo 1º
Cuando desperté esa mañana ya se oía el ruido de la sartén, mi madre estaba preparando el desayuno. Bajé las escaleras corriendo, casi saltándolas de dos en dos. Papá estaba en el comedor, leyendo el periódico de ese día. Les sonreí, estaba totalmente entusiasmada con la idea de un nuevo instituto, nuevos amigos y nuevas emociones. La verdad es que era un pueblo muy pequeño, pero verdaderamente bonito. Drowning Creek era realmente hermoso, a pesar de ser nueva, yo ya había ido alguna vez por allí, también me había paseado por los cementerios, y pasee junto a la tumba, aún reciente, de la llamada “Princesa de Hielo”, Elena Gilbert. Había oído hablar de ella en los dos últimos meses, una chica realmente hermosa, fue una conmoción para el pueblo su desaparición…
Hilando las historias que me contaban me di cuenta de que lo que realmente había pasado era que ella misma, la reina del instituto y su corte real, habían jugueteado con el lado de las sombras y no habían salido muy bien paradas, o al menos no Elena.
Meneé la cabeza intentando olvidar aquello, no era un buen comienzo de curso el comenzar con una nueva investigación se la Srta. Curts. No la verdad es que no era el momento adecuado.
Cogí una tostada recién hecha, algo resquemada y me la metí en la boca, las tripas ya me habían comenzado a rugir, caminé de nuevo hacia mi dormitorio, entrando a mi propio baño y me di una ducha rápida, los tirabuzones se me habían enredado durmiendo.
Rebusqué en mi armario los pitillos nuevos que me habían comprado el día anterior, una camiseta básica de tirantes en color carmín y unas sandalias blancas con algo de cuña. Me hice una trenza fina en el lugar donde estaba mi flequillo, echándola hacia atrás, “Fabulosa” pensé riendo.
Aún con el pelo empapado y secándomelo alcé la mano hacia una silla blanca en la que estaba mi bandolera, con los libros del instituto. La pasé por encima de mi cabeza y me la coloqué. Era la hora de salir de casa y encaminarme hacia un mundo de bestias salvajes llamado “Clase” en el que si te ven débil te denominan como presa y van a por ti rápidamente.
Bajé de nuevo al comedor y me bebí un zumo, rápido, pues no tenía tiempo para más tentempiés. Mi padre se había empeñado en llevarme en coche, por lo que me estaba esperando en la puerta. Me negué en rotundo, no quería que mis nuevos compañeros me dieran como “La niña de papi” que no era. Después de mucho discutir con él me dejó ir, se subió en su Auris turquesa y despareció, dejándome sola en la puerta de casa. Caminé sola hacia el Robert Lee viendo pasar a otros muchos adolescentes, ya solos o en grupos que se dirigían hacía un nuevo curso lleno de otras muchas intrigas.
Me abrí paso entre la multitud de gente que había en las puertas del instituto, algunas personas me miraban de reojo y leyendo sus labios conseguí averiguar que les decían a sus amigos “Ahí está la nueva”. Saqué mi horario de la bandolera, buscando mi clase de Latín, cuando por fin la encontré respiré hondo y entré, mostrando mi seguridad en mi misma y la mejor de mis sonrisas. Si, esa era la Scarlett a la que no le importaba el que dirán.
Me encaminé hacia un asiento vacío al final de la clase y me senté, cruzando las piernas y apoyando la bandolera en el suelo. Una chica se giró hacia mí.
-Eres Scarlett ¿verdad?-Dijo una chica que en vez de parecer estar en último curso parecía estar en el primero de todos-.
-Ajá, esa soy yo-La dediqué la mejor de mis sonrisas, jugueteando con uno de mis tirabuzones-¿Y tú eres…?
-Ups, lo siento, me llamo Francés.
-Encantada, Francés.
-Si quieres te puedo enseñar todo esto-Me ofreció ella con familiaridad- No es muy grande, pero fácil de perderte sí.
-Vale, muchas gracias, la verdad es que no sabía como llegar al resto de clases sin tener que pedir un mapa-Dije lanzando un pequeño gemido al morderme la lengua- Por cierto, por aquí no hay muchos chicos guapos ¿Verdad?
-Bueno, ahora ya no, pero el año pasado se vino aquí un chico italiano, realmente guapo… Las cosas no acabaron muy bien para él y para su novia-dijo ella bajando la vista a sus manos-.
-Oh… creo haber oído hablar de ellos en mis dos últimos meses aquí, una catástrofe por lo que me he podido enterar…
-Sí, la verdad es que sí, a él no, pero a ella la queríamos todos…-Antes de que pudiera acabar la frase el profesor entró-.
Francés se giró rápidamente, lanzándome una pequeña sonrisa y un “Luego hablamos”. La clase transcurrió lentamente, en mi antiguo instituto me había apasionado el latín, pero con este profesor parecía se un muermo, por lo que me dedique a releer el temario de ese curso por tercera vez en la última semana. Al fin tocó el timbre. Francés me esperó antes de salir de la clase y dirigirnos a la clase de mi padre, Historia Europea.
Cuando entré mi padre me lanzó una sonrisa torcida, me sitúe en la primera fila, junto a Francés, ya que mi padre me lo había pedido días antes, quería que yo, su hija, diera buen ejemplo. Él empezó a escribir en la pizarra su nombre.
-Buenos días, Chicos, soy Alan Curts, vuestro nuevo profesor de Historia Europea, espero tener un buen año con vosotros-me miró de reojo- Y también que las clases sean entretenidas.
Un chico de pelo moreno alzo la mano con una sonrisa hipócrita en la cara.
-¿Sí, señor…?
-Zach Louis, ¿Y se nos evaluara a todos por igual?-me miro directamente a mí, enrojecí enseguida- Es decir, ¿Nos tendremos que esforzar más nosotros que su hija simplemente por el hecho de que nosotros no lo seamos?
-Perdone, Louis, pero mi hija no recibirá ningún tipo de ventaja.
-Tampoco es que la necesite-dije yo haciendo caso omiso de las miradas de los demás- Yo solita me basto para sacar buenas notas-lance una sonrisa al tal Zach-.
Mi padre comenzó a dar la lección, La Revolución Francesa, el tema que más odiaba yo y el favorito de mi padre, lo que quería decir que él querría que sacara una buena nota. Tomé apuntes mientras mi padre escribía en la pizarra mientras intentaba pasar de las bolas de papel que me tiraba Zach.
Cuando sonó el timbre espere a que Zach saliera de la clase para salir tras él. Le agarré del brazo y me planté frente a él.
-Mira, chaval, si crees que por tener una cara bonita todo te va a ir bien, vas muy mal en esta vida, a la próxima que te acerques a mí, ya sea a buenas o a malas, no respondo de mis actos ¿Vale?
Él me miraba desafiante, mientras un corrillo de personas se arremolinaban a nuestro alrededor-¿Y qué me vas a hacer tú, nena?
-Oh, muy fácil, esto-le cogí de la muñeca aún más fuerte, girándola en dirección opuesta a las agujas del reloj, se oyó un “Crack” que daba a entender que el hueso se había roto y tras el se escucho un fuerte alarido que provenía del chico- Espero que te sirva de lección y no me llames nena-Dije yo, soltándolo y tras eso, desaparecí-.
Nunca me había metido en una pelea, pero hay que reconocer que no se me daba nada mal. Busqué a Francés, estaba en su taquilla. Le conté lo que había ocurrido y me miró con la boca abierta.
-¿De verdad has hecho eso a Zach?
-Sí-Asentí firmemente, mientras dejaba algunas de mis libros en mi taquilla- Es un chulito, va de guay, se cree bombón y no llega a lacasito.
Ella se rió y fuimos a la siguiente clase, nos habíamos hecho amigas, parecía una chica legal y en la que se puede confiar, me contó que había sido seguidora de Elena Gilbert y su sequito, Bonnie y Meredith que ahora se encontraban fuera de la ciudad, también reconoció que durante sus primeros años en el Robert Lee había estado medio enamorada de Matt Honeycutt, el ex novio de Elena, que ahora estaba acusado por violación a Caroline Forbes, una chica que había sido amiga de Elena y luego paso a ser su archienemiga, pero ella estaba segura de que Matt era inocente. Las horas pasaron con rapidez aunque antes del me almuerzo me llamaron para ir al despacho del director, sí, Zach era un chulito, pero también un chivato y no dudó en fastidiar a la hija de un profesor para salirse con la suya. Me castigaron haciendo un trabajo sobre lo que es el talante y él… él salió de rositas.
Durante el almuerzo conocí al resto de amigas de Francés. Estábamos entrando cuando un grupo de chicas nos sonrió, sí, a las dos.
Me senté junto a una chica rubia de ojos avellana que parecía agradable. Francés me presentó a sus amigas.
-Ella es Amanda-señaló a mi acompañante y la sonreí- esta es Zoey-señaló a una pelirroja que tenía a su lado y procedí a hacer lo mismo con ella, la había visto en los pasillos y ella estaba agradecida por haber librado al mundo de Zach durante una temporada- Y esta es Ariella-alzó la cabeza hacia una chica de pelo castaño y mechas ¿azules?, esa chica me iba a caer bien-.
-Encantada de conoceros a todas, soy Scarlett Curts-las sonreí con cierta timidez, pero… ¿desde cuándo yo, Scarlett Curts, era tímida?-.
-El placer es nuestro, Scarlett-Dijo Ariella- Creenos, lo es, no todos los días se conoce a la salvadora del Robert Lee.
Yo reí y procedimos a seguir con una conversación de cómo les había ido el día a las chicas. Eran gente con conversación, agradable e inteligente. Descubrimos que teníamos los mismos gustos y eso me hizo sentirme más del grupo, teníamos las últimas clases juntas, así que nos dirigimos a ellas.
No hubo más altercados en el resto del día, bueno, el profesor de Lengua nos riñó a Zoey y a mí por estar charlando despreocupadamente de una saga de libros que nos gustaba.
Al terminar las clases Zach estaba esperándome en la salida.
-Eh, nena-Me dijo mientras yo pasaba de largo-.
-¿Qué quieres, Louis?
-Avisarte, no te vuelvas a poner chulita conmigo, nena, o las pagaras muy caro-Arquee una ceja soltando una risita- Es enserio, tú no sabes quien soy ni el poderío que tengo.
-No me interesa tu vida, Zach, eres tú el que debe mantenerse alejado de mí, bueno de mí y del resto de humanidad, nadie te soporta-Me giré en redondo y me dirigí al coche de mi padre- Adiós, Louis-alcé la mano, despidiéndome-
Me subí al coche de mi padre y deje la bandolera en los asientos de atrás. Me echó la bronca del siglo, que si le había dejado en ridículo delante del director y del resto de profesores y bla bla bla…
Cuando llegué a casa mamá no estaba, había un post-it sobre la mesa en el que ponía “He ido hacer las compras, enseguida vuelvo, os quiero”. La comida estaba hecha y papá la sirvió, seguía enfadado conmigo porque a pesar de que me había dicho que era por el bochorno que había pasado, yo sabía que en realidad estaba preocupado por mi comportamiento. Él sabía que yo no era así, yo era una niña dulce y tranquila que nunca se metía en problemas, pero supongo que eso cambió tras mi primer día en el Robert Lee.
No me habían puesto muchos deberes así que me dediqué a empezar y terminar mi castigo sobre el talante.
Cuando terminé salí hacia la biblioteca del pueblo, miré las estanterías pero no había ningún libro de mi agrado. Así que me acerque al mostrador, donde estaban los diarios de Honoraria Fell, fundadora junto con su esposo Thomas Fell de la ciudad, me fije en un cuaderno de terciopelo azul, ahí estaba, había oído hablar de el y tenía ganas de leerlo, era el diario de Elena no me Gilbert, pero me abstuve a cogerlo, ya que no me gustaría que nadie leyese el mío, me encogí de hombros y salí de allí.
Caminé por la calle entusiasmada y sin darme cuenta llegué a Drowning Creek y me senté en el césped, una niebla inmensa comenzó a rodearme, obviamente no me daba miedo, pues yo siempre había sido una chica valiente y aventurera, aún recuerdo aquella vez que salí del apartamento que teníamos en Manhattan y fui hasta Renwick yo sola y mis padres tuvieron que ir a buscarme porque estaba empeñada en que ahí pasaba algo extraño, como nigromancia.
Y Alcé la cabeza al ver una sombra entre la niebla, era Zach, y tenía aspecto asustado. Estaba totalmente ridículo, pensé para mi fuero interno. Él también me vio, vino corriendo hacia mí, jadeante.
-¿Qué está pasando?
-No tengo ni la menor idea. ¿Se estará quemando algo?-Pregunté arqueando las cejas-.
-No, no huele a quemado.
Me encogí de hombros y me levanté del suelo.
-¿Te duele la muñeca?
-Bueno, sin más.
-Lo siento-suspiré, pues me costaba pedir perdón-.
-Ya da igual, tenemos peores problemas que ese ahora mismo.
Asentí y metí las manos en los bolsillos de los vaqueros. No paraba de mirarme.
-¿Sabes?-le miré directamente- Eres muy guapa.
-Eh, tío, que te esté ayudando no significa que seamos amigos. No me digas que soy guapa porque eso ya lo sé. Y soy más que eso, yo soy fabulosa.
-Que creído te lo tienes, nena. Te pareces a como era antes Elena Gilbert.
-Creo no deberías nombrar a una muerta, Louis.
Él se encogió de hombros-Oye, Scarlett, la semana que viene es el Baile de Otoño.
-Sí ¿y?-pregunté cada vez más confundida-.
-Que si vendrías conmigo.
Arqueé las cejas asombrada- ¿Le pides salir a todas las chicas que te rompen la muñeca?
-No, a todas no, a ti.
-Pues va a ser que no.
-Pero ¿Por qué?
-Porque no me gusta ni como eres físicamente, ni como te comportas, ni nada de ti, Louis. Me sacas de mis casillas.
-Tienes carácter eh…
-Sí, lo tengo. Nunca me había peleado con nadie ¿sabes?
-Mira, nena, yo solo te lo he pedido, tú eliges, pero es una buena forma de arreglar las cosas.
-¿De arreglar qué? Tú te metiste con mi padre, y yo defiendo lo que quiero. Es culpa tuya que tengas la muñeca rota, no mía.
-Bueno, vale, ya nos veremos-dijo él mientras desaparecía en la oscuridad-.
Cuando me quedé sola sentí que alguien me observaba, ya me había sentido así antes, en Manhattan, justo antes de que me atacaran. Salí corriendo, ahora si que tenía miedo, no me gustaba sentir las conversaciones privadas de mis padres cuando se me agudizaba el oído tras el ataque, ni el dolor punzante del mordisco.
Cuando llegué a casa mamá ya había llegado de las compras, no era muy tarde, las seis o siete de la tarde, así que me subí al dormitorio a escuchar música.
-“Daddy, Daddy no I don’t gana go to school”-Estaba cantando en la repisa de la ventana cuando vi pasar a una familia, los adultos iban cogidos de las manos y la mujer tenía cogida a una niña de la mano, era rubia y con ojos azules, la reconocí, se parecía a su hermana, era Margaret Gilbert. Me pregunté cómo se sentiría esa pobre niña que había perdido a sus padres y su hermana mayor en un intervalo de tres años. Cerré la ventana, ya no quería ver más dolor, no por ese día-.
Me tumbe en la cama pensativa, estaba contenta por haber hecho amigas, pero aún así estaba asustada por lo ocurrido en Drowning Creek.
El sueño me venció y me quedé totalmente dormida.
“Estaba en Central Park con Danny, mi mejor amigo, habíamos estado jugueteando con la guitarra que tenía en su apartamento de soltero, como lo llamaba él, y cuando nos cansamos me acompañó a tomar algo, pero en lugar de eso nos quedamos sentados en el parque, mirando la noche, apenas faltaban unos días para que me mudara y tanto él como yo queríamos pasar el mayor tiempo posible juntos.
-Te echaré de menos-Me susurró en el oído rodeándome los hombros con su brazo-.
-Y yo a ti-Le besé en la mejilla con dulzura- ¿Vendrás a verme?
-En cuanto pueda, Chiquitina-Así es como me llamaba él, cosa que me encantaba, le sonreí-.”
Cuando me desperté, tenía una sonrisa inmensa en la cara. Seguro que Danny tampoco me había olvidado y que ahora estaba pensando en mí.
Busqué unos pitillos negros en el armario, una camiseta fucsia, unos botines de tacón y una cazadora de cuero negro. Entré al baño, me duche y salí a vestirme, tal y como había hecho el día anterior.
Tas desayunar salí hacia el instituto, los tirabuzones castaños ondeaban al viento otoñal, era un gran día, de eso estaba segura. Cuando llegué las chicas estaban esperándome, nos quedamos sentadas en las escaleras de la entrada durante un rato, cuando de pronto vi una moto que me resultaba familiar, me levante lo más rápido que pude y salí disparada hacia ella.
-¿Danny?
-Bingo-Sentí como alguien me rodeaba la cintura, me giré para mirarlo-.
-¡Danny! ¡Danny!-me aferré a él con fuerza-.
Reía, me besó toda la cara, le dediqué la mejor de mis sonrisas-Te echaba de menos, Chiquitina.
Mis amigas se quedaron mirándonos, al parecer les parecía imposible que alguien como yo tuviera un amigo como Danny.
-Yo también te echaba de menos-Me aferré a él con más fuerza- ¿Te irás pronto?-Él negó, aferrándome más a él-.
-No me iré directamente, he estado ahorrando desde que te fuiste y he encontrado una pensión barata, trabajaré, pero estaré contigo más tiempo.
Sonreí, estaba feliz, Danny se quedaría conmigo-¿Me acompañarás a clase?
-Cada día.
Tocó el timbre y me soltó. Fui corriendo hacia el portón y desaparecí en la multitud.
Capitulo 2.
Cuando salí de clase tras última hora Danny me estaba esperando en el mismo lugar que antes de clase, me despedí de las chicas y me fijé en que Zach nos miraba, me subí en la moto y me puse el casco, sonreí.
-¿Qué tal las clases?-Me preguntó-.
-A-B-U-R-R-I-D-A-S-deletreé recostando mi cabeza en su omoplato, él se rió y aparcó, en la casa de la Srta. Flowers-. ¿Aquí te quedas?-susurré, estaba cerca de mi casa, podría venir a verle en cuanto quisiera-.
-Sí, es un sitio bonito y cercano a ti-Me sonrojé levemente- Y bueno ¿Has hecho amigos?
-Si, tengo unas cuantas amigas, pero también tengo un enemigo.
-¿Tú? ¿Enemigos? ¿Desde cuándo?
-Desde ayer, le rompí la muñeca, se metió con mi padre.
-Ay Chiquitina que te me vuelves una malota.
-Aprendí del mejor-reí, abrazándole-.
-Sí, y alumna supera a maestro ¿no?
-Ajá-cerré los ojos, aspirando el familiar olor a madera que inundaba el cuerpo de Danny-.
-¿Subimos, Lett?-Dijo él mientras me abrazaba- Me encanta abrazarte pero voy a empezar a tener frío-Me reí levemente y me separé de él-.
-Vamos, anda-me cogió la mano y me guió a la parte superior de la casa mientras yo miraba alrededor, cuando de pronto vi a alguien que me llamo la atención en la habitación contigua a la de Danny, le solté y entré sin permiso- ¿Elena Gilbert?-Ella se giro, dejándome ver sus ojos lapislázuli, mostró cara de asombro, pues no me conocía-.
-¿Y tú eres?
-Scarlett Curts, Lett-miré de reojo a Danny, que miraba asombrado la belleza de Elena- Soy nueva en Fell’s Church, pero he oído hablar de ti y de lo que te… ocurrió y lo sé todo…-Volví a mirar a Danny- ¿Puedes irte un momentito?-Él asintió y desapareció tras su puerta- Sé lo de los vampiros…
-¿Cómo que lo sabes?
Sin previo aviso deje caer el cuello de la cazadora de cuero y dejé ver dos puntitos finos en la zona donde estaba la yugular.
-Oh… te mordieron.
-Sí, me mordieron cuando tenía unos 13 años. He investigado sobre ti… sabía que… no estabas muerta, cuando llegué aquí me pareció verte… sabía que eras tú porque vi tu foto en tu… lápida-susurré-.
Danny llamó a la puerta y luego entró-Lett, ¿te vienes?-yo asentí y me despedí de Elena, aún asombrada por lo ocurrido aquella tarde, Danny me guió hacia su dormitorio, cuando entre me quede asombrada, había reconstruido su antiguo apartamento en una sola habitación-.
-Guau… Está preciosa.
-Gracias, Chiquitina-Dijo rodeándome la cintura con sus brazos y haciéndome girar hacia él-.
-Gracias a ti por estar aquí-susurré contra su piel, colocando mis manos sobre sus hombros-.
-Lo prometí ¿no? Pues aquí estoy-Rozó sus labios con los míos, haciéndome cerrar los ojos, apretó sus labios contra los míos, introduciendo su lengua en mi boca, yo le seguí el juego, y seguidamente me aparte-.
-Danny…no…no puedo-susurré apartándome de él-.
-¿Por qué no?
-Porque eres mi mejor amigo y sé como eres, y también sé que mañana harás como que no ha pasado nada…-aparté la vista de él, dejando ver la cicatriz del mordisco, él pasó su mano por ella, suspirando-.
-¿Crees que he venido desde Manhattan solo para no acordarme de que te he besado, Scarlett? ¿Eso es lo que crees?
Bajé la mirada al suelo, agarrando la bandolera que colgaba de mi hombro- No lo sé, Danny… nunca te has fijado en mí, nos conocemos desde hace más de tres años, pero siempre has tenido otras preferencias… ¿Por qué ahora?
-¿Quieres saber por qué?-asentí, insegura- Porque antes eras pequeña y ahora… ahora eres Lett, porque me conoces mejor que muchas otras personas, porque hace tiempo que no hay nadie más que tú ¿vale? Llevo meses esperando que te des cuenta de que algo ha cambiado entre nosotros, porque yo sé que tú no sientes una sola amistad por mí, se te nota. Y yo tampoco siento una simple amistad por ti.
-Genial, ahora se supone que te he ofendido… Mira, Danny, yo no estoy hecha para tener relaciones, salta a la vista. No estoy hecha para tenerlas con cualquiera… pero ¿contigo? Eres mi mejor amigo, y lo que menos quiero es hacerte daño y luego perderte… No lo soportaría…
-¿Y quién te dice que me vas a hacer daño eh, Lett?-estaba ya histérico, en ese sentido era demasiado cerrada, no me gustaba expresar lo que sentía, porque contra más supiera de ti una persona, más daño te podría hacer, pero sin embargo, él lo había notado y claro que le quería, ¿pero cómo se lo podía decir?- Sé que Zach te dijo ayer de ir al baile con él ¿es por eso? ¿Te gusta ese musculitos?-Negué- ¿Entonces por qué?-susurró ya más calmado, me acarició la mejilla al ver que había comenzado a llorar- No llores…
Sorbí por la nariz, quitándome las lágrimas-Pues… porque me da miedo. Simplemente es eso, me da miedo estar con alguien y que luego me hagan daño-me sequé la cara con la manga de la chaqueta de cuero-.
-¿Crees que te voy a hacer daño, Lett?
-Tú no, otros sí.
-Confía en mí, por favor-Me cogió de la cara, acercándome a él-.
-Confío en ti…-susurré mientras él, acercaba sus labios a los míos para besarme y esta vez me dejé besar- ¿Vendrás conmigo al baile?
-Estaba esperando que me lo preguntaras. Claro que iré contigo, y lo creas o no, serás las más hermosa de las presentes-Me ruboricé- Me encanta que te ruborices-susurró acariciándome la mejilla-.
-Pues… lo haré con más frecuencia-reí y le besé levemente- He de irme, mi padre estará histérico, me ha visto subirme en la moto.
-Si quieres te llevo.
-¿Estás seguro? Papá te comerá como te vea en una moto, ya sabes que se preocupa mucho por “Su niñita” y las motos son “Malas” aparte de que te tiene mucho aprecio y te dará una charla mortal sobre las motos…
-Vale, vale, lo he captado, Nos vemos mañana, Chiquitina-besó mi frente y me dejó ir-.
Bajé las escaleras de la casa tambaleándome, demasiadas emociones fuertes. Pero… ¿Cómo era posible? Danny me quería y sabía que yo también lo quería a él… ¡Me quería! Yo que me había pasado un año entero pensando que jamás estaríamos juntos…Pero hoy había recorrido cientos de Kilómetros solo para verme, a mí…
Volví a casa para la hora de la cena, sonriendo. Papá estaba zapateando en el comedor, tenía cara de malas pulgas y temí lo peor.
-H-hola, papá.
-¿Dónde diablos has estado? ¿Te parece bonito desaparecer así? ¡Y en una moto! ¿Sabes el riesgo que tienen las motos, jovencita? ¿Y quién era con el que te ibas? Me gustaría conocerle y cantarle las cuarenta y…-estaba rojo de furia, y yo más blanca de lo que solía estar, papá alzó la mano y me zarandeo cuando vio que apenas le escuchaba, entonces pegué un gritito, debido al impacto que recibí contra el respaldo de la silla- Estás castigada ¿me oyes? ¡Castigada! No vas a salir en todo el fin de semana.
-Papá, no puedes hacer eso, soy casi mayor de edad…No puedes castigarme, al menos no ahora.
-¡Mientras vivas bajo mi techo estarás castigada! Y no quiero volver a verte subida en una moto.
-Ah, qué esas tenemos ¿no? ¿Quieres que me largue? Conozco a gente y sabes que podría irme.
-No me amenaces con irte, señorita, que la tenemos.
-¡Pues no me castigues!-le grité- Ni que me hubiera escapado de casa.
-Te has subido en una moto con un desconocido para hacer Dios sabe qué.
-¡No era un desconocido!
-¿Pues quién era? ¡Qué le conozcas de un día no significa que no sea un desconocido!
-¡Danny, papá! ¡Era Danny!
-¿Danny? ¿Danny, Danny?-Dijo él un poco aturdido-.
-Sí, papá, Danny, el de Matan, ha venido y para quedarse… está en la casa de huéspedes.
-¿Desde cuándo tiene una moto?
-Pues desde siempre, papá, lo que pasa es que tú no lo sabías.
-¿Y cómo es que ha venido?
-Porque…-me puse colorada, y lo entendió-.
-No hace falta que me lo digas, es tu novio, ya me lo tendría que haber imaginado. Pero… usáis precauciones ¿no?
-¡Papá! ¡Cállate!
Él se encogió de hombros y por fin después de media hora de charla me dejó subir a mi dormitorio. Subí las escaleras despacio, fijándome en todos los detalles de las paredes, el balaustre de la escalera, etc.… Cuando ya estaba arriba encendí el reproductor de discos en el que estaba sonando ya una canción de rap que a mí siempre me había encantado.
-“Si lo que sientes es dolor por el resto de gente que no expresa solo sienten lo que tus ojos proyectan”-dije cantando, amaba esa canción tanto o más como al resto de las canciones de ese cantante-“Marca tus pasos como si fuera el último, un día es un capitulo y tu vida es el titulo”
Después de cantar unas cuantas canciones de Young Killer, uno de mis cantantes favoritos, obviamente ese no era su verdadero nombre, se llamaba Jorge y tenía canciones como “Lo siento si te falle”, “Puro amor” o “Soy un guerrero”. También me gustaban otros tipos de cantantes que hacían compañía a Young Killer en algunas de sus canciones a dúos, como Critika y Saik o Xriz… ¿Mi canción favorita de ellos? “Mundo de papel” o “Un amor de siempre”. Al pensar en esta canción no pude evitar acordarme de Danny, ¿Qué estaría haciendo? Dormir, seguramente, conociéndole… Desde luego me había pasado varios años de mi vida enamorada de él, y yo pensaba que él ya lo sabía, pero al parecer no, jamás le dije nada porque… ¿Qué iba a hacer él saliendo con una niña tres años menor que él? A mis diecisiete años de edad jamás había conocido a alguien tan atractivo como él, tenía el pelo castaño dorado y unos ojos… unos ojos que cuando los vi por primera vez pensé “Las estrellas brillan porque reflejan tu mirar”, de color azul, tan claro que a veces parecía que no tenía iris. Pero lo que realmente me enamoró de él fue esa sonrisa irónica que siempre llevaba puesta en la cara. Tenía un humor que solo él conocía, ni siquiera yo, que había pasado tres años con él, entendía su humor. Pero tenía la corazonada de que muy pronto averiguaré todo sobre él, y por fin tendría las respuestas a todas mis preguntas.
Un golpe en la puerta me despertó de mi ensimismamiento. Era mi madre.
-Scarlett, la cena está en la mesa.
-Vale, mamá, ya bajo-Dije yo suspirando pues no tenía hambre, lo único que me apetecía era ir a dar una vuelta a despejarme y pensar en Danny, y en todo lo que a él se refería-.
Bajé las escaleras rápido para no dar oportunidad a mi padre de gritarme más. Sí, estaba castigada, pero aún tenía mi propia libertad en lo que a estar sola se refería… así que… ¿Me podría escapar? No enserio, solo para ver a mis amigas y a Danny en algún momento, las debía una explicación por lo de esta mañana y a Danny… necesitaba verlo, había sido demasiado tiempo sin él.
Cené lo más rápido que pude, sin pronunciar palabra para dejarle claro a mi padre que estaba muy cabreada con él. Cuando mi madre me dio permiso, me levanté de la mesa y fui directa al baño a limpiarme los dientes, odiaba tenerlos sucios y subí a mi habitación diciendo un simple “Hasta mañana, no me molestéis que tengo sueño”. No les di ni tiempo de contestar y cerré la puerta de un portazo.
Cuando estaba metida en la cama con un pijama de verano en color rosa, un color que odiaba, todo cabe decir, empecé a oír piedras contra la ventana, me asomé deseando que fuera Danny, pero no, era demasiado pedir, era Zach.
-¿No conoces el significado de la palabra dormir?
-Lo cierto es que no, venía a pedirte perdón por lo ocurrido ayer en clase de tu padre y en Drowning Creek.
-Me da igual, Louis, estaba intentando dormir, estoy castigada y mi vida es un asco ¿Sabes? Y encima vienes tú y me despiertas-cogí la piedra que había lanzado contra la ventana y se la tiré, la consiguió esquivar- ¡UY, CASI!
-¡Estás loca, Scarlett!
-Vete a la mierda, imbecil.
-¿No vendrás conmigo al baile?
-No.
-¿Y con quién vas a ir? Si se puede saber, porque no creo que nadie te lo pida.
-Con mi novio-dije intentando parecer despreocupada, lo cual no conseguí-.
-¿Con tu novio? ¿Tienes novio? ¿Quién es tu novio?
-La curiosidad mató al gato, chaval. ¿No has visto a un tío con chupa de cuero y una moto en el instituto?
-Sí.
-Pues ese es mi novio. Danny.
-Vas flipada si te crees que me lo voy a tragar.
-Cree lo que quieras, ya lo verás el día del baile.
-Vale, chica, ya lo veremos-me guiñó un ojo y desapareció-.
Cerré la ventana y las cortinas para que no entrara la luz de la noche. Ese tío me ponía realmente de los nervios, tan guay que se creía. Me tiré sobre la cama, quedándome profundamente dormida.
Cuando me desperté aún era pronto para ir a clase, así que me levanté y entré al baño para darme una ducha relajante. Al salir me puse un par de toallas una para el cuerpo y otra para la cabeza. Abrí la puerta del baño y entre a la habitación de nuevo.
-¿Qué haces aquí?-Susurré mientras Danny se acercaba a mí-.
-Estaba la ventana abierta y simplemente escalé un árbol. Necesitaba verte-Dijo él excusándose-.
Le sonreí mientras él me rodeaba con sus brazos, parecía estar… ¿Oliendo mi pelo? No le di importancia, eso hacia alguna gente cuando llevaba tiempo sin ver a la persona a la que querían ¿no?-Yo también necesitaba verte-Rodeé su cuello con mis brazos, poniéndome de puntillas para quedar a su altura, o intentarlo al menos-.
-Creo que te tendrías que vestir, o llegarás tarde a clase, Chiquitina-susurró contra mi piel mientras se inclinaba para besarme-.
-Espera abaj…-No me dejo terminar la frase, pues ya me estaba besando, le seguí el beso intentando parecer lo más dulce que pude-.
-Vale, Lett, abajo estaré-sonrió y desapareció en la ventana, de oyó una caída pero ningún alarido, no se había hecho daño-.
Abrí mi inmenso armario del que saque una falda de cuadros de colegiala del uniforme de mi antiguo colegio y me la puse y seguido me puse una blusa blanca y me deje dos botones desabrochados, dejando casi ver el sostén. Busqué unas manoletinas del color de los cuadros de la falda y me las puse. Me miré al espejo de mi habitación. “Preciosa, delicadamente hecha por los Dioses” Me dije riendo. Me senté frente el tocador y empecé a peinarme, necesitaba un cambio igual me echaba mechas o me teñía, se lo preguntaría a Danny, me deje el pelo suelto con una diadema que llevaba un mini lazo blanco.
Bajé las escaleras cogiendo antes la bandolera, y sin pasar por el comedor desaparecí de la casa. Me encaminé hacia la acera de enfrente, en la cual estaba Danny con su moto, sabía que mi padre estaba mirando por la ventana pero no me importó, sonreí a Danny desde la lejanía y cuando estuve lo suficiente cerca de él, me incliné hacia él y le besé. A pesar de la lejanía que había entre nosotros y la casa se oyó el rechinar de los dientes de mi padre. Para él seguía siendo su niña, que no tenía novio y no debía alzar sus alas, pues según él, aún no estaba preparada para eso.
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