Querido diario:
No sé por qué escribí eso. Es de locos.
No hay ningún motivo para que me sienta inquieta y todos para que sea feliz, pero...
Pero aquí estoy a las 5.30 de la mañana,
despierta y asustada. No hago más que decirme que simplemente sucede que estoy
hecha un lío debido a la diferencia horaria entre Francia y aquí. Pero eso no
explica por qué me siento tan asustada. Tan perdida.
Anteayer, mientras tía Judith, Margaret
y yo volvíamos del aeropuerto en coche, tuve una sensación muy extraña. Cuando
giramos en nuestra calle, pensé de repente: «Mamá y papá nos están esperando en
casa. Apuesto a que estarán en el porche delantero o en la sala de estar
mirando por la ventana. Deben de haberme echado mucho de menos».
Lo sé. Es de locos.
Pero incluso cuando vi la casa y el
porche delantero vacío seguí sintiendo lo mismo. Subí corriendo los escalones y
llamé con la aldaba. Y cuando tía Judith abrió con la llave me precipité adentro
y simplemente me quedé en el vestíbulo escuchando, esperado oír a mamá bajar
por la escalera o a papá llamando desde el estudio.
Justo entonces, tía Judith soltó
ruidosamente una maleta en el suelo detrás de mí, lanzó un enorme suspiro y
dijo: «Estamos en casa». Margaret rió. Y me invadió la sensación más horrible
que he tenido jamás. Nunca me he sentido tan total y completamente perdida.
Casa. Estoy en casa. ¿Por qué suena eso
como una mentira?
Nací aquí, en Fell's Church. Siempre he
vivido en esta casa, siempre. Esta es mi misma vieja habitación, con la leve
marca de quemadura en las tablas del suelo donde Caroline y yo intentamos
esconder cigarrillos en quinto grado y estuvimos a punto de asfixiarnos. Puedo
mirar por la ventana y ver el enorme membrillo al que Matt y los chicos
treparon para colarse en la fiesta de pijamas de mi cumpleaños hace dos años.
Ésta es mi cama, mi silla, mi tocador.
Pero en estos momentos todo me parece
extraño, como si yo no perteneciera aquí. Soy yo la que está fuera de lugar. Y
lo peor es que siento que hay algún lugar al que pertenezco, sólo que no logro
encontrarlo.
Ayer estaba demasiado cansada para ir a
Orientación. Meredith recogió mi programa por mí, pero yo no tuve ganas de hablar
con ella por teléfono. Tía Judith dijo a todos los que llamaban que tenía jet
lag y dormía, pero me observó durante la cena con una curiosa expresión en el
rostro.
Tengo que ver a la pandilla hoy, no
obstante. Se supone que debemos encontrarnos en el aparcamiento antes del
instituto. ¿Estoy asustada por eso? ¿Les tengo miedo?
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