Cuando te nacen las alas, no deseas que nadie te las corte, solo deseas volar y volar hacia ese país de nunca jamás con el que siempre has soñado, con encontrarte a un príncipe de traje verde, que puede volar y podría convertirte en su campanilla. Cuando esto ocurre, solo estás soñando y lo peor es el golpe que te das al despertarte. No tienes alas, Nunca Jamás no existe y Peter pan no te dará un beso en busca del dedal perdido.

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