Me acuerdo de cuando era pequeña y tú me llevabas de la mano al
colegio, o de cuando me obligabas a ir a misa, si yo lo hubiese sabido habría ido
contigo a misa hasta el último día que hubiésemos podido.
Me acuerdo de cuando me compraste ese colgante de águila que
tanto significaba para mí, me acuerdo de cada cuento que me contabas por la
noche antes de dormir.
Sin duda, una de las veces que más me he reído contigo fue
aquella vez que vimos el reflejo de papa en el cristal del cuadro del pasillo,
y tú dijiste “Tienes un padre vampiro, duerme por el día y por la noche está
danzando”
Sé que ya no estás aquí, pero no quiero pensar en ti y
recordarte postrada en el sillón, sin poder moverte, quiero recordarte con tu
bata roja, tus rulos, quiero recordarte vital y andando, como siempre hacías,
quiero recordarte tal y como eras tú. Quiero recordar aquel día en el muelle mirando
los mubles, quiero recordar cuando mamá te llamaba a casa y luego venía yo del
instituto y te gritaba desde detrás de mamá “¡Guelitita, te quiero!” Y tú me
decias que tú también y que tenía que estudiar mucho. Y yo te decía que sí.
Tambien me acuerdo de cuando leías mis historias y recuerdo que
te gustaban, o cuando decías que tiraba muy bien al arco, en esos momentos te
notaba cercana.
Te prometí que sacaría bachiller, que haría filología inglesa y
que tú estarías orgullosa de mí. Pero ahora, sin ti… no sé si tengo fuerzas.
Solo me queda decir una cosa, abuela. Te quiero, te quise y
siempre, siempre te querré, por muchos siglos que pasen. Tú lo eras todo y lo seguirás
siendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario