Y un buen día, miras a tu alrededor y ves que estás en un sitio
diferente, un sitio lleno de color, de belleza y de magia. Donde las
carrozas son tiradas por caballos, donde hay palacios aquí y allá,
pequeños, grandes, con leyendas, sin ellas pero con una historia que
contar, hermosas, tétricas, no importa pero siempre tienen una.Barrios de diferentes culturas, Josefov, chocolate con nata en Kafka, un reloj por Mutek...
Allí parece que de cualquier torre se quiere escapar una princesa, para encontrar a su príncipe azul montando un caballo blanco.
Ya no solo era la belleza de lo que se veía, sino también, con quien se iba, no había ni gritos, ni peleas, tan solo buen rollo.
Allí donde había juerga estábamos nosotros, y en verdad... ¡Que bien se siente cuando entiendes el idioma en el que te hablan!
Para nosotros no había más comida que pizza o Mcdonalds ¿Qué por qué? Pues porque salia más barato, supongo, al final nos hemos hecho socios.
Lo mejor de todo el viaje fue el teatro negro, aun me pregunto... ¿Qué cojones se tomo Alicia para tener esas visiones? setas alucinógenas porque otra cosa...
No solo los compañeros hacían el viaje más ameno, las profesoras siempre estaban intentando que nos lo pasásemos mejor, yendo a mercadillos, cruceros, o centros comerciales.
Si había una cosa bonita en Praha aparte del reloj astronómico, era el Puente Carlos, donde había piedras en color oro para pedir deseos, o para volver allí, realmente mágico.
Sin duda, ha sido un viaje mítico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario